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UN BICENTENARIO INDIGNO DE COLOMBIA UN BICENTENARIO INDIGNO DE COLOMBIA
Disculparán los lectores que hable en singular, pero es que no soy obispo para usar el “nos” irresponsablemente. Hace 6 años, en agosto de 2004 abrí la página www.bicentenario2010.com con la ilusión de participar desde sus inicios de la gran fiesta del Bicentenario de Colombia, que empezaba a despuntar en el país. Y digo FIESTA porque esencialmente, lo fundamental, es que HACE 200 AÑOS EXISTIMOS COMO PAÍS Y ESO MERECE UNA CELEBRACIÓN, UNA GRAN CELEBRACIÓN, sin distingos de posición social y de posturas políticas. Argentina lo acaba de demostrar. Seis millones de argentinos (incluyendo quienes detestan a la pareja Kirchner) se tomaron las ciudades y pueblos entre el 20 y el 25 de mayo pasado para sentir festivamente que son argentinos y latinoamericanos. Sólo los indígenas no celebraron, pero sí se hicieron presentes con una enorme marcha para recordar el segundo despojo que inauguraron Belgrano y su generación. El problema que hoy los gringos se den el lujo de convertir Colombia en una enorme base militar suya, que el país siga en manos de pocas manos como hace 200 años y que una compañía minera canadiense vaya a demoler el antiquísimo pueblo de Marmato (Caldas) para saquear el oro de los colombianos, no es culpa de los Estados Unidos ni Canadá, ni de las oligarquías, sino de nosotros el pueblo, que toleramos esa situación. Pero ello no debiera impedirnos celebrar ser colombianos. Antes lo contrario: darle la vuelta a la realidad presente necesita para empezar sentirse más colombianos que nunca, y justamente esa es la razón por la cual al ciudadano Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República, que debiera ser “símbolo de la unidad nacional” (art. 188 C.N.), no quiso, no le provocó, organizar una Gran Celebración del Bicentenario de la Independencia de Colombia en 2010, porque no le convenía que el pueblo, desde las fiestas y la rememoración, tomara conciencia de la necesidad de completar el trabajo de emancipación y de inclusión que iniciaron los Precursores, Mártires y Libertadores. La página que mencioné duró un año y tuvo otro año de receso por motivos económicos (hoy ese dominio web, bicentenario2010.com, lo tiene el Grupo Prisa de España). Cuando pude reiniciar el sitio web en agosto de 2006 las condiciones para la celebración de 2010 habían cambiado radicalmente, porque el 14 de enero de 2005 el presidente Uribe había presentado ante el primer Consejo de Ministros de ese año su proyecto a largo plazo, complementario de la reelección, “Visión Colombia para el Segundo Centenario 2019” (documento lanzado oficialmente el 7 de agosto siguiente en la Quinta de Bolívar), operación que implicaba trasladar la fecha tradicional del surgimiento de la nación colombiana del Grito de Independencia de 1810 para la Batalla de Boyacá de 1819 y el consecuente aplazamiento del Bicentenario por nueve años. De esta manera el presidente embolató al país, y las energías que pudieron haberse invertido desde el Estado y la sociedad civil para preparar la conmemoración inminente de 2010 se distrajeron en un ejercicio –útil, pero cerrado y pérfidamente distractor- de planificación prospectiva dirigido a 2019.
En solitario, las agremiaciones de historiadores del país le dieron la pelea a Uribe para evitar la alteración de la historia nacional y lograron, efectivamente, después de dos años de debates, que el Gobierno diera reversa y se comprometiera, por boca del asesor José Obdulio Gaviria, durante un acto público realizado en el Museo Nacional el 12 de abril de 2007, a celebrar los 200 años del día de la independencia en la fecha que correspondía: el 20 de julio de 2010. Sin embargo, el presidente se tomó otro año más para adoptar las primeras previsiones (creación de la Alta Consejería Presidencial para el Bicentenario, 15 de febrero de 2008), y aún así el gesto fue de tal desgano que el director de la Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander, Armando Martínez Garnica, convenció a su rector para que el subsiguiente 25 de febrero la UIS convocara al país a emprender una celebración cívica, no oficial, argumentando: “En otros países como Colombia, Perú y Ecuador se impondrán las iniciativas ciudadanas. Un buen ejemplo es el caso de Colombia, dada la singular deformación histórica que el Departamento Nacional de Planeación (Plan de desarrollo Visión Colombia 2019) le impuso a la Administración Uribe. A regañadientes, el gobierno nacional se ha limitado a asignar a la viceministra de cultura la función de coordinación mínima de los actos públicos del 2010” (http://albicentenario.com/index_archivos/Page5066.htm). Pese a las medidas tomadas, la política de no celebrar se mantuvo esencialmente incólume, por lo que el columnista Armando Montenegro escribió el 30 de mayo de 2009: “Colombia, a diferencia de otros países de América Latina, decidió preparar el bicentenario de su independencia de España tarde, a lo pobre y con un bajo perfil”. Pero no fue Colombia, fue el presidente de la República, quien tomó esa decisión arbitraria, ajena al interés general. Y después de que trató de todas las manera posibles durante tres preciosos años (2005 a 2008) de impedir la celebración del Bicentenario en 2010, el pasado 7 de julio, al presentar la agenda oficial para el 20 de julio, el presidente Uribe tuvo la poca vergüenza de enorgullecerse de haberle dedicado dos de sus largos ocho años de gobierno a conmemorar dos siglos de vida independiente del país: “Quiero celebrar –dijo- la manera como se ha venido integrando el país a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia. Agradecer a todos. Una conmemoración que empezó hace dos años, en el 2008, cuando conmemorábamos los 200 años de la muerte de Mutis” (http://www.bicentenarioindependencia.gov.co/Es/Prensa/2010/Paginas/cpb_100708a.aspx). Por el contrario, gracias a usted, señor presidente, por haberle escamoteado al pueblo colombiano una celebración digna del Bicentenario de la Independencia, como sí la han tenido los demás países con quienes compartimos ese momento único e irrepetible del trienio 1809-1811. Baste recordar que Chile le dedicó a la preparación del Bicentenario DIEZ AÑOS; mientras Bolivia, Ecuador, México y Argentina expidieron sus leyes y prepararon sus efemérides con CINCO AÑOS de antelación; Venezuela SEIS AÑOS, y Paraguay y El Salvador TRES. Él dice que estuvo muy ocupado combatiendo el terrorismo. De hecho, desde 2004, y especialmente durante la pasada campaña presidencial, sus discursos ante la Fuerza Pública y ante los gremios económicos enfatizaban que la Segunda Independencia era la derrota del terrorismo (“no podemos caer en la Patria Boba de festejar anticipadamente la independencia del terrorismo”), en un argumento-bumerang, porque la INDEPENDENCIA y la SOBERANÍA se predican respecto de países y potencias extranjeras. Si se aplica a enemigos internos, sencillamente se les está reconociendo a éstos estatus internacional. De esta manera, involucrando la efeméride en el conflicto armado –y eso que éste no existe-, se transmutó la esencia del Bicentenario como celebración de la Soberanía Popular, de la terminación de tres siglos de colonialismo y del surgimiento de un país, en un burdo homenaje a las Fuerzas Armadas, ni siquiera pedido por ellas. No sobra agregar que el Gobierno Nacional se cuidó bien de que sus planes no fueran interferidos por el Congreso de la República, por lo que hizo hundir tres proyectos de leyes conmemorativas entre 2003 y 2008, presentados en 2003 por Ciro Ramírez Pinzón, senador conservador de Boyacá; en 2006 por Luis Antonio Cuéllar, congresista conservador del Valle, y en 2007 por el propio ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, conservador del Valle. Alguna esperanza se tenía en que los partidos de oposición llenaran el vacío que dejaba el Gobierno para 2010. Pero hicieron mutis por el foro (no el Mutis ilustrado e incitador sino el mutis paralizante), y no sólo eso, sino que los últimos dos alcaldes de Bogotá, Luis Eduardo Garzón y Samuel Moreno Rojas, pertenecientes al Polo Democrático, partido de izquierda, clonaron la actitud indiferente del Gobierno central. Garzón ni siquiera contestó las cartas de la Academia de Historia de Bogotá. Moreno, por su parte, en su posesión, manifestó que iba a usar el Bicentenario 2010 como una “vitrina” para conseguir los Juegos Panamericanos 2015, y aunque nombró al mejor intelectual del país a la cabeza de la Comisión Distrital del Bicentenario (y de quien es el epígrafe de esta página web), la efeméride bogotana se agotó en una comisión sin representatividad alguna, un par de eventos académicos, algunos mimos disfrazados de próceres y un gasto exorbitante en pólvora y globos aerostáticos. Al Alcalde de Medellín, avalado por la Alianza Social Indígena (ASI), se le olvidó en un cajón un Acuerdo Municipal de 2008 que ordenaba celebrar el Bicentenario desde enero de 2010, y se excusó en que era prioritario celebrar los Juegos Suramericanos. Barranquilla, ciudad natal de la alta consejera presidencial para el Bicentenario, simplemente no hizo nada, aunque el Carnaval de este año llevó también el slogan de “Bicentenario”. Explicable porque el alcalde pertenece a la coalición de gobierno (Partido Cambio Radical) El alcalde de Cali, hijo de un comandante de la guerrilla del M-19, asesinado alevemente al desmovilizarse, le puso el nombre de “Bicentenario” a una mega autopista (como Uribe lo había hecho con el Túnel de la Línea), tal vez pensando que así se llega más rápido a la emancipación completa del país. Y se limitó a celebrar el Bicentenario del Grito de Independencia de Cali del 3 de julio de 1810 (separación más de Popayán que de los franceses y de España), con un desfile de 4.000 efectivos de la Fuerza Pública. Pero como escribió un lector del periódico de esa ciudad, El País, al día siguiente: Este comentario se puede generalizar a todos los actos del Bicentenario: muchos eventos y actividades, pero sin impacto real, lejos de lo que pudo ser la conmemoración digna que merecía Colombia, lejos del alma de los colombianos, lejos de la memoria honrosa de los próceres, porque se cumplió, al menos para Colombia, la premonición que escribió Ignacio González Casanovas, director del Centro de Referencias de la Fundación Mapfre de España en 2005, a propósito de la falta de impulso oficial al Bicentenario: “Lo peor de esta falta de atención no es ya todo lo que se podría ir avanzando y no se hace, sino que, cuando se produzca (y evidentemente se producirá tarde o temprano), lo hará seguramente en términos de avalancha oficial y mediática, apresurada, apologética y superficial”. El ejemplo en contrario lo dan las ciudades pequeñas. Y eso que contadas en los dedos de la mano. Siquiera se murieron los abuelos, señor presidente.
Hubo una Antioquia en que las charreteras Jorge Robledo Ortiz
GOBIERNO PRESENTA AGENDA DEL 20 DE JULIO TRISTE ENTREVISTA A LA ALTA CONSEJERA CHAT CON… ‘TENGO MALICIA INDÍGENA’: MARÍA CECILIA DONADO La Alta Consejera para el Bicentenario dice que le gustaría tener la valentía de Policarpa Salavarrieta. ¿Cómo llegó a la Alta Consejería del Bicentenario? COMENTARIO DE ALBICENTENARIO.COM Para morirse de la tristeza la entrevista concedida por María Cecilia Donado, alta consejera presidencial para el Bicentenario de la independencia de Colombia, a El Espectador del 5 de julio de 2010: Esta página se ha abstenido durante dos años de referirse a la gestión de la doctora Donado al frente de la Alta Consejería Presidencial para el Bicentenario de la Independencia 1810-2010, o mejor, a la no-gestión de la doctora Donado, pues entiende que justamente para eso fue colocada en ese puesto: para no hacer nada, dentro de la deliberada estrategia del presidente Álvaro Uribe de intentar aplazar la celebración del Bicentenario para 2019, primero, y de invisibilizar la celebración de 2010 después. ¿Qué podía hacer una joven administradora de empresas, ex reina del carnaval de Barranquilla, viceministra de Cultura en el área de gestión financiera, nombrada en febrero de 2008 al frente del Bicentenario por residuo, ante la renuncia de la doctora Elvira Cuervo de Jaramillo, ex directora del Museo Nacional y ex ministra de Cultura, quien se jartó de ser manoseada por el presidente Uribe, que por dos años la tuvo como nombrada directora ejecutiva del Bicentenario pero nunca le tomó posesión? El mismo cargo fue de una improvisación absoluta, pues como no estaba en los planes del Gobierno celebrar alguna cosa en 2010, tampoco había un cargo creado para ello; por lo que la jurídica de Palacio convirtió en Alta Consejería para el Bicentenario lo que era la Alta Consejería Presidencial para la Gestión de Acuerdos Internacionales, a cargo de Sandra Suárez Pérez, que había agotados unos días antes su objeto con la firma del TLC con Estados Unidos (Decreto 446 del 15 de febrero de 2008). Y además estaba la precariedad institucional del cargo, pues aparte de que las consejerías presidenciales no son tan Altas como su nombre dice, a la doctora Donado se le puso al lado una Comisión de Honor del Bicentenario, presidida por la doctora Lina Moreno, esposa del primer mandatario, de quien se esperaba que le recuperara a la efeméride patria la dignidad que su esposo mancillaba. Pero no, ella no asumió ningún papel, y el Bicentenario quedó al garete, sólo salvado por el interés personal que le pusieron las ministras de Cultura y Educación, las doctoras Marcela Moreno y Cecilia María Vélez, quienes enfocaron hacia la celebración los presupuestos ordinarios de que disponían. De otra parte ¿qué podía hacer una funcionaria a quien le entregan la función de organizar un evento de la importancia de celebrar 200 años de existencia de la República, y no le dan un peso para trabajar, dotándola apenas de una pequeña oficina en el encierro del Palacio Presidencial, con la mera asistencia de dos secretarias y de un asesor historiador? Pero lo más paralizante de la gestión de la doctora Donado fue la falta de impulso presidencial o estatal a la efeméride. Aún con sus pequeños recursos, ella pudo haber dinamizado una celebración por lo menos respetable con el mero poder de convocatoria de su cargo, moviendo a la sociedad, las empresas y los entes territoriales. ¿Pero sobre qué bases, sobre qué ambiente público, si el Bicentenario no hacía parte de los discursos presidenciales ni el Congreso había expedido una ley que le diera trascendencia a la celebración en la agenda pública? Hubiera tenido que ser maga. Lo intentó, hay que reconocerlo. Por ejemplo, en febrero de 2009 la doctora Donado escribió una carta, junto con el ministro del Interior y Justicia, haciendo un llamado a los alcaldes y gobernadores para que le informaran a la Presidencia los actos que estaban programando para el Bicentenario. Pero la encuesta fue un fiasco. Hasta finales de ese año sólo habían respondido 10 de los 32 departamentos y 50 de los 1.100 municipios que existen en el país. Que se sepa, sólo TRES DEPARTAMENTOS crearon Comisión del Bicentenario de Colombia (Santander, Norte de Santander y Cauca). Antioquia creó una, pero para celebrar el Bicentenario de la independencia regional en 2013. Las ciudades principales improvisaron programaciones-espectáculo y Barranquilla ni siquiera eso. A falta de voluntad presidencial para involucrar a los entes territoriales con sus propias iniciativas, la Alta Consejería se limitó a hacer “Encuentros Departamentales”, pequeños eventos en pequeñas salas con pequeñas asistencias de pequeños estudiantes (y en varios casos cadetes) llevados por obligación a escuchar la carreta de tres gurús de la historia regional en turno. Como no había recursos del Presupuesto Nacional (recuérdese que no había ni hay Ley del Bicentenario), la doctora Donado debía aplicarse a conseguir recursos para la celebración. Para ello impulsó una fundación privada para el Bicentenario, a cuya creación sólo concurrieron nueve empresas: Bancolombia S.A., Telefónica Colombia, Organización Terpel S.A., Unión Fenosa Colombia S.A. (a través de Electricaribe y EPSA); BBVA, Planeta, Bavaria, Promigas S.A. y la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, de las cuales sólo tres son colombianas, y las demás multinacionales extranjeras, cuatro de ellas españolas. Si en 1810 los que pusieron la plata, sus vidas y su tranquilidad para separarse de España fueron los ricos de la Nueva Granada, era de esperarse que 200 años después los más agradecidos por el país que les entregaron fueran los empresarios colombianos, y que por lo menos las 100 empresas más grandes que cada año se dan vitrina en Semana le apostaran, así fuera especulativamente, al Bicentenario. Pero nada. Dejaron sola a la alta consejera, y la fiesta del Bicentenario la costean en buena parte los mismos españoles. Aunque la gestión era deplorable, había sobrados motivos para que desde Albicentenario.com no le agregáramos al incómodo rol de la doctora María Cecilia Donado y su pequeño equipo de trabajo una censura inmerecida. Pero la entrevista de El Espectador del 5 de julio pasado venció los reatos de conciencia, porque no hay derecho a que la persona que ha estado durante dos años al frente de la conmemoración oficial del Bicentenario le presente a los colombianos como único sentido de la celebración hacerle un homenaje a las Fuerzas Armadas y como única programación de su oficina para el 20 de julio de 2010 un ruidoso desfile militar por todo el país. ¡Carajo! Si hasta el mismo cardenal de Bogotá había advertido desde hace seis años que de eso no se trataba el Bicentenario: “Esa fecha de 2010, el bicentenario de la independencia, no nos puede dejar indiferentes. La nación se tiene que preparar para que no sea una celebración más, un desfile militar, sino que convoque a todos los colombianos” (Monseñor Pedro Rubiano Sáenz, El Espectador, 9 de septiembre de 2004). Nadie le está pidiendo a una funcionaria de la Casa de Nariño que le haga propaganda a la Marcha Patriótica y el Cabildo Abierto que preparan varias organizaciones populares del país para el 20 de julio. ¡Pero, hombe, si por lo menos hubiera mencionado el Gran Concierto Nacional! La misma tradición conmemorativa oficial distingue entre el Día de la Independencia (20 de julio) y el Día del Ejército (7 de agosto, celebración de la batalla de Boyacá). ¿No pudo entender la alta consejera presidencial para el Bicentenario en dos años de gestión en Colombia y de conocer los Bicentenarios de los demás países de América Latina, que antes que en los campos de batalla, los países se independizan desde la conciencia y la voluntad de los pueblos? Porque eso fue lo que sucedió desde febrero hasta julio del año del Señor de 1810: En Pore, Cartagena, Mompox, Cali, Pamplona, El Socorro y Bogotá, el pueblo granadino (o más propiamente los criollos), hasta entonces y desde hacía 300 años súbdito, vasallo de un rey extranjero, se sublevó contra los gobernadores españoles y el virrey; en los años siguientes declaró su independencia absoluta, y sólo en 1819 los ejércitos sellaron la voluntad popular con su triunfo sobre los peninsulares. Eso es lo que se conmemora el próximo 20 de julio, doctora Donado: la voluntad de ser libres. En eso consistía su trabajo: Organizar el homenaje al pueblo colombiano, no al ejército, el 20 de julio de 2010, Bicentenario de la independencia.
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