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SEXOS Y VIDA COTIDIANA EN LA INDEPENDENCIA

HUMBOLDT ERA HOMOSEXUAL, ¿PERO CALDAS?

MAQUETA DE LA ESTATUA DE FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS

 

Nota: Albicentenario reproduce el prospecto y el primer artículo de una de las secciones con que empezó en 2004 la página www.bicentenario2010.com, antecesora de la presente, y que comenzó con el siguiente repertorio:

Bogas paradisíacos, impúdicos y procaces
Bundes prohibidos
Carnes tiernas para los ingleses
Hombres
Humboldt era homosexual, ¿pero Caldas?
Libros lúbricos proscriptos
Manuelita, for ever
Medellín vs. Santafé de Antioquia
Mujeres
Pescados o de porqué no comemos suficiente pescado los colombianos
Pulgas y niguas en Popayán

SEXOS Y VIDA COTIDIANA EN LA INDEPENDENCIA

PROSPECTO

1Desde las niguas de Popayán hasta los zancudos del río Magdalena van a tener cabida en esta sección, para que nos hagamos una idea de cómo se vivía en esa época y entendamos un poco cómo vivimos ahora, cuántas de nuestras costumbres actuales son atávicas. También los paisajes: el páramo de Pisba está hoy como entonces, o esos vestigios prehistóricas que vemos al pasar en Expreso Bolivariano por Guarinocito, entre Honda y Dorada, que son las mismas que aparecen pintadas en las acuarelas de un viajero francés de 1823. Igual nos vamos a meter a las cocinas, a las clausuras de los conventos y de los colegios, a las fiestas, y asomaremos por los empleos, las sanciones penales (muerte por garrote, tenaz), las deformidades (desde el elefantismo hasta el mascachochismo), etc. Ojalá encontremos historias de "vagos y mal entretenidos", tan perseguidos en ese tiempo, para incluirlas aquí. Y vamos a reconstruir intimidades. Las intimidades de la época hacen parte de la Independencia colombiana, como lo han sido de cuantas guerras en el mundo han sido. ¿Hoy mismo, a propósito de la guerra de Irak, Fidel Castro, no le recuerda a George Bush que su alcoholismo de 30 años es lo que lo hace tan irresponsablemente belicoso? Del mismo modo, la independencia del norte de Suramérica depende de hechos en apariencia tan anecdóticos como la temprana viudez de Simón Bolívar. Creo que es en el Diario de Bucaramanga (en la versión arreglada, perdón, acrisolada, por monseñor Navarro) donde el Libertador hace ese comentario. ¿Y un chisme antiguo no dice que perdimos al general Anzoátegui después de la batalla de Boyacá mientras hacía el amor en Pamplona celebrando la victoria? En el libro de viajes del coronel Hamilton, comisario inglés que recorrió el centro de la Gran Colombia en 1824, se hallan deliciosas descripciones de los avances amatorios de su secretario y de los tipos femeninos y masculinos encontrados a su paso (por ejemplo, encontraron al hombre más hermoso de Colombia, que en ese momento era el secretario privado del obispo de Popayán, para envidia de las payanesas). ¿Y qué decir de las fantasías, cuando no escándalos, que debieron surgir en las tediosas noches de subida del río Magdalena alrededor de los cuerpos semidesnudos y la charla soez de los bogas negros? No se diga de Manuela Sáenz, que rompió todos los esquemas prevalecientes en su momento sobre el rol femenino, donde lo de menos es haber traicionado a su marido (esto hace parte del rol femenino de todas las épocas), sino, por ejemplo, usar pantalones o montar a horcajadas en los caballos en plena plaza mayor de Bogotá, como solo lo hacían los hombres. Y Humboldt, ¿qué diremos del barón? ¿Que fue un gran científico y viajero? Eso lo sabemos todos. Pero como esta es la sección de chismes, veamos su bien llevada sodomía aristocrática y de cómo dejó al sabio Francisco José de Caldas mirando para el páramo (el de Guanacas, sin duda), al no llevarlo consigo para la expedición del Perú, y en su lugar marcharse con un primoroso joven quiteño, junto al que el pobre Caldas poco tenía para competir (¿recuerdan que los retratos de Caldas lo presentan como un joven recién envejecido, medio barrigón y con cara de melancolía?). Bueno, estos van a ser los temas de esta sección. En la primera actualización comenzaremos por exponer la tesis de la homosexualidad reprimida del sabio Caldas, tomada del libro Nueva Aproximación a Francisco José de Caldas, de Santiago Díaz Piedrahíta, actual presidente de la Academia Colombiana de Historia.

HUMBOLDT ERA HOMOSEXUAL, ¿PERO CALDAS?

 

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Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al pie del volcán del Chimborazo,
Cuadro de Friedrich Georg Weitsch (1810).

Una de las facetas menos divulgadas, aunque no desconocida, del viaje del científico alemán Alejandro von Humboldt por Suramérica en los albores del siglo XIX fue la de su gusto por los muchachos latinos, faceta acompañada de una personalidad en general ilustrada, vivaz, divertida y amante de la sociedad, que fue motivo de escándalo en su época (aunque sin duda cubierto de un aristocrático disimulo), pero que hoy solo confirma el absurdo de tratar de ocultar esta parte de la vida social de todas las épocas.

La importancia para nuestra historia patria de las inclinaciones sexuales de Humboldt radica en que, a su pesar, ellas le estropearon los planes al sabio Francisco José Caldas.

Según relata Santiago Díaz Piedrahíta, actual presidente de la Academia Colombiana de Historia, en su obra Nueva aproximación a Francisco José de Caldas (Bogotá, 1997, págs. 101 a 103), Caldas y Humboldt se encontraron el último día de 1801 en Ibarra (Ecuador), cuando ambos rizaban los 30 años, habiéndose sorprendido gratamente el alemán con los conocimientos y trabajos del sabio granadino. Caldas, hasta ese momento un desconocido y de natural tímido, inseguro y enfermizo, se deslumbró con el barón (¿y quién no?), lo acompañó a varias expediciones y finalmente se hizo el invitado para acompañar a Humboldt en la ruta de su expedición a Lima. Pero para ese momento a Humboldt la línea ecuatorial le había alborotado las pasiones, haciéndole concebir otros planes. Aunque le mintió a Caldas asegurándole que viajaría solo, lo hizo en compañía del joven quiteño Carlos Montúfar, hijo del marqués de Selva Alegre. Caldas, frustrado y sentido, le escribe a José Celestino Mutis el 21 de junio de 1802: "El señor Barón de Humboldt partió de aquí el 8 del corriente con Mr. Bonpland y su Adonis, que no le estorba para viajar como Caldas".

Sí, señor, ¡con su Adonis!. Pero no se detuvo en contarle a Mutis. El chismosito de Caldas ya había regado la especie en su natal Popayán. En carta del 6 de mayo le escribe a Juan José Hurtado y a Antonio Arboleda: "Reservado. Ya habrán visto mis Memorias, ya sabrán el desaire de Humboldt. ¡Si ustedes supieran las causas! ¡Ah! ¡Qué difícil es conocer a los hombres! Cómo nos deslumbró ese hombre en los primeros momentos! Sepan mis amigos que el carácter severo, humilde y moderado de su amigo, es el que ha obrado mi desgracia; un joven currutaco, ignorante y disipado le ha merecido toda la confianza y lo lleva el que me dice que ha resuelto viajar solo".

Dos meses antes, el 21 de abril, Caldas le describía a Mutis el ambiente que se vivía en Quito (¿qué tendría Quito en esa época, que también allí Manuelita Sáenz abandonó a su marido para irse con Bolívar?):

"Qué diferente es la conducta que el señor Barón ha llevado en Santafé y Popayán de la que lleva en Quito! En las dos primeras ciudades fue digna de un sabio; en la última es indigna de un hombre ordinario. El aire de Quito está envenenado; no se respiran sino placeres; los precipicios; los escollos de la virtud se multiplican, y se puede creer que el templo de Venus se ha trasladado de Chipre a esta ciudad. Entra el señor Barón a esta Babilonia, contrae por su desgracia amistad con unos jóvenes obscenos, disolutos le arrastran a las casas en que reina el amor impuro; se apodera esta pasión vergonzosa de su corazón, y ciega a este sabio joven hasta un punto que no se puede creer. Este es Telémaco en la isla de Calipso. Los trabajos matemáticos se entibian, no se visitan las pirámides, y cuando el amor a la gloria reanima a esta viajero, quiere mezclar sus debilidades con las sublimes funciones de la ciencia. Mide una base en las llanuras de Quito, aquí viene el objeto de sus amores, o el de los cómplices de sus fragilidades. A veces compadezco a este joven, a veces me irrito. Cuando me anima esta última pasión, me parece que veo reanimarse las cenizas de Newton, de Newton que no llegó a mujer, y con un semblante airado y terrible decir al joven prusiano: Así imitas el ejemplo de pureza que dejé a mis sucesores?".

Uichhhh, señor Caldas, ¿qué son esas expresiones? ¿"amor impuro", "pasión vergonzosa","debilidades", "conducta indigna", "jóvenes obscenos"? ¿No sería que este destilado de homofobia ocultaba una represión de los propios instintos?

Pues parece que así era. O al menos así lo expone el presidente de la Academia Colombiana de Historia en la obra que venimos citando (págs. 99, 103, 178). Después de hacer un paralelo entre las personalidades de Humboldt y Caldas, Díaz Piedrahíta afirma: "La actitud despreocupada de Humboldt y su conducta homosexual en una ciudad de costumbres muy libres en aquella época, acentúan la diferencia. Entran en juego dos factores adicionales: los celos mutuos en torno a los descubrimientos y observaciones, y un rechazo por parte de Caldas al comportamiento del barón, rechazo que tiene sus raíces en la crianza del payanés y en una tendencia homosexual latente y que nunca afloró merced a los firmes principios morales que le inculcaron durante su infancia y juventud". Esta circunstancia habría provocado la reacción de Caldas ante el hecho de ser sustituido por el  mencionado Adonis o joven currutaco: "tocando una fibra muy sensible de Caldas, quien como ya se comentó, presentaba tendencias de tipo homosexual fuertemente reprimidas, lo cual obviamente le produce esa animadversión y ese dolor que no puede ocultar", y también explicaría su tardío matrimonio a los 41 años: "Un joven prematuramente viejo, indiferente a las pasiones y al vino, y que se conservó virgen por más de cuatro décadas (...) Caldas muy posiblemente padecía de tendencias homosexuales a las que nunca permitió aflorar (...) allí es donde encontramos una explicación a esa inesperada decisión de contraer un tardío matrimonio". En efecto, Caldas contrae matrimonio por poder, en mayo de 1810,con una chica payanesa de buena familia, María Manuela Barahona, de veinte años de edad, de la que solo conoce el retrato el día de la boda, pero a la que le escribe románticas cartas aún sin conocerla, v. gr.: "todas las mujeres me son indiferentes, y solo Manuelita roba, toca, conmueve y reina en mi corazón", "Mi esposa, mi Manuelita: ya puedo decir esposa sin temores. Lo eres, perdona a tu esposo que trate ya sin señorías, ni ustedes ¡Eres mía, Gran Dios! ¡Qué conquista! (...)quiero que desde hoy me llames mi Franco, que me trates de tú".Solo después de la revolución del 20 de julio de 1810 se traslada Manuelita a Bogotá y consuman la unión. Tienen varios hijos. Caldas es fusilado en 1816 por Pablo Morillo.

Independiente de la consistencia de las conjeturas sobre la vida íntima del sabio Caldas, lo curioso de todo esto es que doscientos años más tarde no se han superado "los firmes principios morales que le inculcaron durante su infancia y juventud", y son muchas las personas que ven frustrada una parte esencial de su personalidad, mientras la sociedad se niega a ampliar sus fronteras culturales y darle cabida a las diferentes opciones de vida.


MAQUETA DE LA ESTATUA DE FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS

Tomado de: http://www.museonacional.gov.co/content.php?id=259%7C0%7C0&PHPSESSID=bjdslqey
Pieza del mes de junio del 2005
Colección de Arte
Sala Nuevo Reino de Granada [1550-1810]


maqueta estatua Francisco José de Caldas

 

 

 


                                                         
                                                    

Raoul Charles Verlet
[Angulema, Francia; 1857-París, 1923]
Maqueta de la estatua de
Francisco José de Caldas
Ca. 1910
Yeso (vaciado)
Reg. 3065
Donado por Eduardo Santos (24.1.1959)

La estatua de Caldas [1768-1816] fue inaugurada en la Plaza de las Nieves (calle 23 entre carreras 7ª y 8ª) el  6 de agosto de 1910 con motivo del Centenario de la Independencia. Fue donada por el Polo Club de Bogotá. En ella, Caldas aparece con la cabeza inclinada, en actitud pensativa, propia del científico. En la mano lleva unos papeles que aluden a su obra periodística en el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1809-1811) y a sus pies hay una esfera celeste, que hace alusión a sus trabajos en astronomía. La estatua de la Plaza de las Nieves presenta algunos cambios con respecto a esta maqueta, pues en ella el prócer se encuentra sin capa y el compás que lleva en la mano fue remplazado por los papeles. Una copia de esta obra fue enviada por Verlet a Popayán en la que aparece con un rifle en la parte inferior, en referencia a su actividad militar.
Entre 1910 y 1922 Verlet realizó varios monumentos de próceres colombianos: Camilo Torres [1910] en Bogotá y Popayán; Antonio José de Sucre [1912], Rufino José Cuervo [1914] y Manuel Murillo Toro [1920] en Bogotá y Francisco de Paula Santander en Barranquilla [1922].