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25 DE JULIO
475 AÑOS DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD-PROVINCIA DE ARMA (1542-2017)

  1. ANTECEDENTES DE LA FUNDACION DE SANTIAGO DE ARMA

 

--Expedición de Robledo de 1540 y fundación de Cartago
--Expedición de Robledo de 1541, búsqueda del valle de Arví por el oriente antioqueño y fundación de Antioquia
--Fundación de Arma

  1. EL CABILDO DE CARTAGO PROTESTA POR LA FUNDACIÓN DE ARMA (1545)


Ubicación de la Ciudad-Provincia de Arma en el mapa de Popayán
 y del Nuevo Reino de Granada. Guillermo Janszoom, Amsterdam, 1635
(Nótese que el cartógrafo ubica “Arbi” en un valle de la cordillera,
antes de bajar a Mariquita)

La región de Arma fue conquistada para el marqués del Perú, Francisco Pizarro, por el capitán Jorge Robledo, quien entró a ella en dos ocasiones: en la expedición de 1540, que finalizó el 9 de agosto con la fundación de la Ciudad de Cartago en el valle del Otún (a cuya jurisdicción quedó incorporada Arma), y en la expedición de 1541, que concluyó con la fundación de la Ciudad de Antioquia en cercanías de Peque el 4 de diciembre del mismo año.

Al año siguiente Sebastián de Belalcázar, quien recién había llegado de España como gobernador de la nueva Gobernación de Popayán, separada del Perú, dispuso la fundación de la Ciudad de Arma con la doble finalidad de combatir a los indómitos indígenas Armas, liderados por el cacique Maitamá, y de contrarrestar las pretensiones territoriales de Jorge Robledo. Para lo primero, Belalcázar encargó de la fundación a su lugarteniente Miguel Muñoz, uno de los más terribles personajes de la conquista. Para lo segundo, le segregó a la ciudad de Cartago, que estaba bajo el control de los soldados afectos a Robledo, la mayor parte de su jurisdicción, correspondiente a los territorios  indígenas de Carrapa, Picara, Pozo, Paucara, Arma y Cenufara, quedando reducida la provincia de Cartago a los territorios de los Quimbayas, los Quindos y los Gorrones. La nueva Ciudad-Provincia de Arma quedó con los siguientes linderos: al occidente, el río Cauca; al oriente, la cordillera central; al sur, el río Chinchiná (Caldas), y al norte el río Rionegro en el altiplano oriental antioqueño o valle de San Nicolás, zona recorrida ampliamente por Robledo en 1541 mientras buscaba el valle de Arví. La fundación de Arma tuvo lugar el 25 de julio de 1542 y la ciudad fue puesta bajo el patronato del apóstol Santiago.

 

Términos o límites de la Ciudad-Provincia de Santiago de Arma

“que desde tiempo inmemorial, según dicho de dos sujetos verídicos que murieron poco hace, de edad de ciento y tantos años, gozaba esta ciudad por términos y jurisdicción desde el río de Chinchiná (que linda por la de Cartago) por él abajo al de Cauca, y de este para abajo hasta la boca de la quebrada que llaman Sabaleticas; y de esta, cortando derecho a la quebrada que llaman Amagá, y de las cabeceras de ellas siguiendo por derechera al Rionegro; por él abajo hasta el río que llaman Pereira; de las cabeceras de éste, siguiendo derecho, a la cordillera del Páramo que llaman de Herve, siguiendo derecho al dicho río de Chinchiná”.

Informe de Juan Esteban Leonín de Estrada, cura de Arma, del 20 de junio de 1783, en: Javier Ocampo López. Santiago de Arma y la conquista española en el encuentro de dos mundos. Homenaje a Santiago de Arma (Aguadas), en los 450 años de su fundación hispánica. Manizales, Imprenta Departamental de Caldas, 1993, págs.  245-247.

 

Al momento de la invasión española, el territorio de los actuales municipios de Sonsón (Antioquia) y Aguadas (Caldas), a ambos lados del río Arma, estaba habitado por los indígenas Armas.

La conquista de Arma la siguió el capitán Antonio Pimentel, enviado por el oidor Francisco Briceño, visitador de Cali, a sofocar la rebelión de los caciques de Arma, Picara y Pozo de 1552, la que se consiguió al costo de la vida de 15.000 indios. En 1557 se dio la última gran rebelión indígena en la zona, que llegó hasta Quimbaya.

La Ciudad de Arma tuvo su auge durante el siglo XVI, mientras duró la bonanza de oro de aluvión o de río, decayendo en el siglo XVII. En 1786 el título de la Ciudad, junto con el escudo, las reliquias y, sobre todo, la jurisdicción y el dominio sobre las tierras de la ciudad, pasaron para la población de Rionegro (Antioquia), que desde dicha traslación tomó el nombre de Ciudad Santiago de Arma de Rionegro.

Arma Viejo no desapareció del todo con la traslación; por el contrario tuvo un gran protagonismo en el siglo XIX como contrafuerte de la colonización antioqueña, y actualmente es un corregimiento del Municipio de Aguadas (Caldas).

  1. ANTECEDENTES DE LA FUNDACION DE SANTIAGO DE ARMA

 

La fundación de Arma completó el ciclo de las primeras fundaciones hispanas en el cañón del río Cauca, que en conjunto conforman las “Ciudades Robledanas”, es decir, aquellas Ciudades erigidas por Jorge Robledo, o contra él, entre los años 1539 y 1541, a saber: Anserma, Cartago, Antioquia y Arma, las cuales fungieron inicialmente como ciudades-cuartel, cabezas de playa para la guerra de conquista de los pueblos originarios, pero permanecieron en el tiempo como la base del andamiaje administrativo colonial en la región del Cauca Medio.

A primera vista, el croquis de estas antiguas ciudades permite apreciar su ubicación y distinguirlas como cuatro puntos en el conjunto de los más de 1.100 municipios actuales de Colombia; pero si se amplía el plano de visión para considerar que en el Derecho español del siglo XVI la “Ciudad” no era sólo el caserío que se construía para albergar un núcleo urbano sino que a dicho caserío la Corona le asignaba una más o menos amplia jurisdicción, esta perspectiva deja ver que no estamos en presencia de meros cascos urbanos sino de Ciudades-Provincia, y en este sentido el croquis anterior se transforma en el primer mapa de la división político-administrativa del actual centro-occidente colombiano, constituido por las Provincias de Anserma, Cartago, Antioquia y Arma.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que éstas no fueron fundaciones espontáneas ni asiladas unas de otras, sino que entre ellas existen estrechos vínculos que las entrelazan entre sí, pues aparte de su proximidad geográfica y cronológica, y de haber tenido como protagonistas a los mismos personajes, ellas hacen parte de un mismo ciclo fundacional.


Mapa de la dinámica fundacional de las Ciudades Robledanas

En enero de 1538 Juan Vadillo, gobernador de Cartagena, salió de Urabá con una expedición de 200 soldados en busca del tesoro de Dabaibe y de una ruta terrestre hacia el Perú. En el camino halló las ricas minas de oro de Buriticá, pero no quiso fundar ciudad cerca de ellas. En diciembre esta expedición llegó en lamentables condiciones a Cali, donde estaban estacionadas las tropas frescas de Sebastián de Belalcázar, venidas del Perú, al mando en ese momento de Lorenzo de Aldana. Con la noticia de aquellas minas, Aldana envió en abril de 1539 al capitán Jorge Robledo a fundar una ciudad en la provincia de Anserma, que sirviera de punta de lanza para llegar hasta Buriticá. Así comenzó la conquista y poblamiento hispano del actual centro occidente colombiano, proceso que llevó a la fundación sucesiva de las ciudades de Anserma (1539), Cartago (1540), Antioquia (1541) y Arma (1542), fundaciones que tuvieron como hilo conductor inicial el acceso a las minas de oro de Buriticá, al que se agregó luego la ilusión de Robledo de encontrar el valle de Arví al otro lado de las sierras nevadas.

Expedición de Robledo de 1540 y fundación de Cartago


Ruta de Robledo en 1540, sobre mapa de pueblos aborígenes del Viejo Caldas,
elaborado por Luis Duque Gómez en 1970.

Siguiendo los relatos que hicieron los cronistas Pedro Sarmiento y Pedro Cieza de León, que acompañaron al ubedense (Robledo nació en Úbeda, provincia de Jaen, España), se tiene que el 15 de agosto de 1539 Robledo fundó la Ciudad de Santa Ana de los Caballeros (hoy Anserma), desde donde dirigió la guerra de conquista de la margen izquierda del río Cauca entre los actuales municipios de La Virginia y Marmato, donde los caciques Ocuzca y Umbruza presentaron una resistencia que se prolongó varios años. En el pueblo de Irra (Quinchía), paso sobre el río Cauca, el cacique Cananao le informó de los tesoros del pueblo Quimbaya en la otra banda del río.

Con este conocimiento, el 8 de marzo de 1540 Robledo salió de Anserma con una expedición de 100 hombres a la conquista de la margen derecha del río Cauca. Al otro lado de Irra encontró la provincia Carrapa (hoy en la vía hacia Manizales), cuyos caciques le salieron en paz “por no verse heridos con sus espadas y despedazados con los perros”.

Por lo que le dicen los indios de Carrapa, Robledo toma nota de su situación: al sur están los ricos y pacíficos Quimbayas, al norte están los guerreros Pozos y al frente, pasando las sierras nevadas (nevado del Ruiz), se encuentra el rico y poblado valle de Arví. Robledo decide asegurar primeramente los más poblados y guerreros pueblos del norte. Con la ayuda de los Carrapas y los Picaras invade la provincia de Pozo, donde es herido de gravedad con un dardo envenenado. Se recupera y castiga cruelmente esta provincia, por lo que los indígenas Pozo habrían de comerse su cadáver años después en la misma zona. Pasa a la provincia de Paucara, cuyos caciques, viendo lo ocurrido con sus vecinos, se le someten, y le colaboran para atacar a sus enemigos los Armas. Maitamá, el señor de la tierra, envía su ejército contra los invasores al mando de un hermano suyo, quien es capturado y se suicida en el cautiverio. Los españoles avanzan y toman asiento en el pueblo de Maytama, donde varios caciques menores le llegan de paz y con ofrendas de oro. Los españoles fundan (aunque no como ciudades) los pueblos de Pascua y Pueblo Blanco en la zona de Cenufara. Un grupo de exploradores enviado por el río Cauca abajo llega hasta el frente del cerro Buriticá. Al regreso de esta comisión, y ante la dificultad de fundar ciudad entre los belicosos Armas, Robledo vuelve sobre sus pasos y retoma su objetivo inicial de conquistar a los pacíficos Quimbayas. El 9 de agosto funda la ciudad de Cartago (donde hoy es Pereira), en medio del territorio de los caciques Tacurumbí, Consota y Pindaná. La zona de Arma queda bajo la jurisdicción de Cartago.

Una vez fundada esta ciudad, Robledo se dirigió a Cali, a donde justo en ese momento había llegado Pascual de Andagoya, quien valiéndose de su título de gobernador de San Juan (por el río San Juan de Chocó y Valle) invadió las tierras descubiertas por Belalcázar y sedujo a Robledo con un gran recibimiento para que lo reconociera por gobernador de Popayán, “é lo abrazó muchas veces como si fuera su hijo”, dándole hombres, caballos y dinero, además del título de teniente gobernador, para que siguiera sus conquistas hasta las minas de Buriticá. Robledo cometió el error (otros dicen que no tuvo otra alternativa) de hacer el reconocimiento, lo que terminaría pagando con su vida en manos de Belalcázar en el año 1546 en el alto del Pozo.

Expedición de Robledo de 1541, búsqueda del valle de Arví por el oriente antioqueño y fundación de Antioquia

El 12 de octubre de 1540 el escribano de Robledo, Pedro Sarmiento, firma en Cali la relación de las conquistas de Anserma y Quimbaya por este capitán, y pasa la pluma a Juan Bautista Sardela, quien desde entonces se encargará de escribir la relación del descubrimiento de las provincias de Antioquia, complementada como la anterior por el soldado-cronista Pedro Cieza de León.

Robledo sale de Cali a finales de año y hace el recorrido de regreso a la ciudad de Santa Ana (Anserma) por el río Cauca para averiguar su navegabilidad, casi muriendo en sus rápidos y remolinos. De Anserma sigue a Cartago, la que refunda el 10 de enero de 1541 para darle el crédito a Andagoya. A comienzos de este año sale con dirección al norte, pero en esas regresa Belalcázar de España y asume la gobernación de Popayán sacando de ella a Andagoya. Robledo va hasta Santa Ana donde reconoce el gobierno de Belalcázar, pero no viaja personalmente a Cali sino que le envía un emisario en solicitud de que le renueve el poder de avanzar hasta las minas de Buriticá. El capitán prosigue con cautela su campaña hacia el norte, mientras espera la autorización de Belalcázar,  la que lo alcanza en Paucara (Pácora)

De la ruta seguida por Robledo se aprecia que éste  nunca perdió de vista la ruta hacia las minas de Buriticá (destino que tenía como “plan B”), pero que siempre tuvo como “plan A” la esperanza de encontrar el rico valle de Arví, del que le habían hablado los Carrapas el año anterior, y en cuya búsqueda envió sendas expediciones por el Quindío, por Pácora y por el Valle de Aburrá.

La razón de estos dos planes estriba en que Robledo, como era usual en la época, no quería hacerle el mandado a otro conquistador, sino tener un territorio que pudiera pedir o capitular como propio ante la Corona, lo que no podría hacer con la ciudad que fundara para poblar las minas de Buriticá, ya que, como se dice en el argot de los jóvenes, este territorio era un “parche caliente”. No sólo  había sido descubierto en 1538 por Vadillo, gobernador de Cartagena, sino que los perseguidores de Vadillo en 1539, Juan Graciano y Luis Bernal, ya habían reclamado esas tierras para esa gobernación cuando Robledo se los encontró en las tierras de Anserma cuando él se dirigía a fundar Santa Ana. De otro lado, aunque Belalcázar le había renovado la autorización que le había dado Andagoya para fundar ciudad en esas minas, Robledo sabía que el Adelantado le estaba pisando los talones, y no estaba equivocado, porque, efectivamente, mientras Robledo se encaminaba a fundar la futura  y conflictiva Antioquia (“no le faltarán guerras como a la de Siria, diría Cieza de León), Belalcázar envió en su persecución a Juan  Cabrera. Si Robledo lograba conquistar un territorio detrás de las sierras nevadas (cordillera central), como sería el valle de Arví, tendría asegurada su propia gobernación, porque quedaba por fuera de las jurisdicciones de Cartagena y de Popayán.

No sobra decir que nunca estuvo en los planes de Robledo fundar ciudad en el valle de Aburrá, porque pese a que era ancho y vicioso (“abundante, provisto, deleitoso”, según el DRAE) y a que sus habitantes no comían carne humana, éstos eran pobres y no tenían oro:

“No comen carne humana y son indios pobres que tienen poco oro y son grandes labradores y tienen mucha ropa y mucho de comer así de carne como de frutas porque tienen grandes arboledas y están en aquel valle que es muy ancho y vicioso” (Nota 1).

Vale la pena detenerse en el relato que hace Juan Sardela de la actividad desplegada por Robledo en busca del valle de Arví en el altiplano oriental del valle de Aburrá, con posterioridad a haber vencido la resistencia de los indígenas Aburráes (que incluyó el suicidio por ahorcamiento de muchos de ellos):

Los españoles entraron al Valle de Aburrá por la ruta Heliconia-San Antonio de Prado-Itagüí. Una vez asentado el real o campamento en el valle por quince días, Robledo envió a Juan de Frade a que tornarse (se devolviera) por el camino que traían y bajara a ver algunos pueblos sobre el río Cauca, habiendo encontrado el pueblo de Curqui (¿Cuerquia?). Luego envió a Diego de Mendoza a que explorara qué había detrás de las montañas orientales, quien regresó pronto al real informando que no había más montañas sino que había encontrado el valle que luego se llamó de San Nicolás. Entonces Robledo volvió a enviar al mismo Mendoza a que fuera hasta el final del altiplano, hacia la derecha, y buscara una entrada al valle de Arví. Mendoza demoró veinte días con soldados de a pie y de a caballo haciendo este recorrido y no encontró ningún poblado, pero sí un camino frecuentado por los indios, ya que cada diez kilómetros había un bohío a manera de fonda para el refugio de los viajeros. Mientras tanto, el capitán entrevistó a varios indios Aburráes preguntándoles por Arví y no le supieron dar razón de su existencia, pese a haberle nombrado muchos pueblos por sus nombres. Al regreso de Mendoza, Robledo subió personalmente con ocho soldados a buscar por otra parte del altiplano un camino para Arví, pero en su lugar encontró ruinas de grandes edificios y bodegas, así como caminos en piedra más grandes que los de Cuzco, que el español no se atrevió a seguir, pues su tamaño indicaba que era muy grande la población que los construyó. Ante el fracaso de la búsqueda de Arví, Robledo regresó al valle de Aburrá, de donde salió el 26 de agosto de 1541 (un día después de San Bartolomé), y se dirigió al río Cauca cruzando las montañas occidentales del actual Medellín por el valle de Ovejas, una ruta que lo conduciría inexorablemente a las minas de Buriticá.


Posterior al relato de Sardela, en una relación de sus servicios al rey, el mismo Robledo reconoce el fracaso de su búsqueda del valle de Arví:

Como me vi de la otra banda de las sierras desde esta provincia [Aburrá], procuré por todas las vías y maneras que pude de ir al valle de Arbi, y como era gran trecho lo que me había abajado no se pudo tener noticia de él; puesto que en esta provincia se hallaron muy grandes caminos y acequias de agua, todo hecho a mano, y muy grandes edificios antiguos, que según los indios decían haber sido destruidos por guerra que entre ellos se habían tenido, y como aquí no pude tener noticia del valle torné a pasar la cordillera de las sierras y salí al Río Grande (Nota 2).

Al otro lado del Cauca, los españoles llegaron a la provincia Tahamí. De allí Robledo envió al capitán Francisco Vallejo con 40 hombres a entrar a la provincia Nutabe, de donde los indígenas los hicieron devolver muy maltrechos.

Robledo, después de vencer un conato de motín de los soldados, decidió entrar a la zona con toda la tropa por otro camino.

La expedición pasó por un lado del cerro de Buriticá, y subió por la montaña enfrente de Sabanalarga, llegando al pueblo de Curume o Currume, donde los indígenas capturados en la jornada le dijeron a Robledo que «el cacique era gran señor é no quería ser amigo de los christianos, y nosotros tampoco».

En Curume se estableció el real o campamento español y allí se improvisó una fragua para herrar los caballos, por lo que actualmente ese sitio se conoce como la vereda Loma de la Fragua, corregimiento de Tabacal, Buriticá.

Robledo salió del real con pocos hombres y dos días después llegó al valle de Ebéjico (vereda Santa Águeda, Peque). En un paraje de este valle se aposentó en un pequeño plan al pie de una loma y de una lagunilla. En este lugar Robledo desafió la creencia nativa en la culebra de la laguna e hizo poner una cruz en la loma. Luego regresó a Curume.

Los indígenas, que por miles rodeaban a los españoles, enviaron una comisión para hablar con el jefe de los invasores:


Más de 20 días estuvo Robledo haciendo incursiones militares en la provincia de Ebéjico, hasta lograr despejar la loma de la cruz de los indígenas que la ocupaban.

Entonces trasladó el real desde Curume hasta el valle de Ebéjico, con el propósito de hacer aquí la población.

En esas estaban los españoles cuando fueron atacados por seis mil indígenas de Ituango, quienes habían cruzado el Cauca para reforzar a los  Ebéjicos, a quienes les reprochaban por no haber sido capaces de sacar a los foráneos. Pero también los Ituangos fueron repelidos por los barbudos, los caballos, los perros, los arcabuces, las lanzas y las ballestas.

Pasada esta batalla, Robledo fundó en el valle de Ebéjico la Ciudad de Antioquia el 4 de diciembre de 1541 (fecha del Acta de fundación). Este valle ha sido identificado desde 1971 por monseñor Benjamín Pardo como la vereda Santa Águeda del Municipio de Peque, ubicada a cinco kilómetros al sur del casco urbano, en dirección a Buriticá.

Inmediatamente hecha la fundación los indígenas le presentaron franca batalla al ocupante durante varias semanas, muriendo en estos combates el cacique Zuzaburruco.

Robledo les preguntó a los naturales que por qué lo habían atacado tan intensamente, pese a los ofrecimientos de paz, y estos le respondieron que debido a que dos años antes otros conquistadores (Vadillo y Bernal), que también habían ofrecido llegar en paz, mataron al cacique Nutibara de los valles de Guaca y Nori y quemaron vivo al cacique Tatepe de Buriticá.

Después de dejar fundada Antioquia, Jorge Robledo dejó la ciudad y con muy pocos hombres de los que habían entrado con Vadillo se abrió camino por Abibe hasta llegar al puerto de San Sebastián de Urabá, con tan mala suerte que lo recibió Alonso de Heredia, hermano de Pedro, gobernador de Cartagena, quien capturó al ubedense y lo envió preso a España acusado de haber hecho fundaciones en jurisdicción de Cartagena.

Heredia, a su vez, juntó gente y se dirigió a someter a la recién fundada Antioquia a su gobernación. Cuando llegó a Peque, se hizo reconocer como gobernador, pese a la protesta de los pobladores que reconocían por gobernador a Belalcázar, como lo relata Pedro Cieza de León:

“el capitán Alvaro de Mendoza no aprobando el recibimiento, acompañado de algunos vecinos della salió y se encontró en el pueblo Llano, que es entre esta ciudad y la villa de Ancerma, con Juan Cabrera, que entonces era general en aquella provincia del adelantado Belalcázar y por su mandado iba a ver si por ventura pudiese haber a las manos al capitán Jorge Robledo, con quien tenían grande odio por la sospecha de que quería ir a España a pedir en gobernación aquellas ciudades” (Nota 3).

Cabrera apuró el paso y luego de un combate con los cartageneros retomó el control de la ciudad de Antioquia para Popayán. “Y -continúa Cieza- por parecerle al capitán Juan Cabrera que no estaba bien entre aquellas ásperas sierras donde le habíamos fundado [Peque], la pasó junto a un río que pasaba por el valle de Nore [Frontino], donde ahora está, y dejando en ella por teniente de gobernador a un Isidro de Tapia dio la vuelta a la ciudad de Cali”. Cabrera lleva consigo preso a Heredia, a quien Belalcázar envió a Panamá para ser juzgado ante la Audiencia de esa ciudad. La Audiencia lo absolvió y Heredia regresó a tomarse por segunda vez la ciudad de Antioquia, ahora ubicada en Frontino. Belalcázar envió a un Madroñero para que la recuperase de nuevo, lo que hizo aprovechando que Heredia había ido a explorar la otra banda del río Cauca. Madroñero a su vez se ausentó para Cali, por lo que Heredia volvió a tomarse Antioquia por tercera vez, luego de lo cual tuvo que volver definitivamente a Cartagena, dando ocasión a que Belalcázar enviara de nuevo en su recuperación a Madroñero, quien le quebró la vara de alcalde de la ciudad a un Gallegos que la gobernaba en nombre de Heredia, con lo que Antioquia quedó definitivamente en jurisdicción de Popayán.

Conflictos como los que se dejan narrados eran los que temía Robledo que iban a suceder cuando fuera a poblar las minas de Buriticá, y por eso evitó hasta donde pudo dirigirse a esa región, buscando en su lugar una tierra detrás de las sierras nevadas. Cuando finalmente fracasó el proyecto de Arví y no tuvo más remedio que fundar una ciudad al norte de Buriticá (Peque), en una ubicación incómoda entre profundas hondonadas pero que lo dejaba a él más o menos cerca de su salida hacia Cartagena, decidió el nombre que le iba a dar a tan poco deseada fundación: Antioquia.

“Acuérdome al tiempo que la fundamos, que me dijo Robledo que le quería poner por nombre Antiocha, y yo les respondí: “No le faltarán guerras como a la de Siria” (ídem). 

Fundación de Arma

La fundación de Arma ocurre en medio de estos conflictos entre Cartagena y Popayán por la posesión de Antioquia en 1542; pero también concurren a ella la campaña que emprende Belalcázar contra los pobladores que dejó Robledo en Cartago, así como el redoblamiento de las crueldades contra los indígenas por parte de los capitanes de Belalcázar, que pone en armas a los Armas. Cieza de León escribe:

“Y visto por el adelantado Belalcázar que no podían sojuzgar a los indios de las provincias de Arma e las confinantes a ella, acordó de que se fundase un pueblo de cristianos; así, por los vecinos que en ella habían de residir, se partió el capitán Miguel Muñoz a fundar la villa que por nombre tuvo de Arma” (ídem).

El historiador Ricardo de los Ríos Tobón, bajo el subtítulo de “La pequeña Cartago contra el gran Belalcázar”, dice sobre la suerte de esta ciudad luego de la salida de Robledo a fundar Antioquia:

“Entre tanto Cartago se ha quedado desde su misma fundación sin su líder y algo más, en que insiste [Juan] Friede su historiador, con la malquerencia de Belalcázar que nunca miró con buenos ojos a la ciudad de Robledo y a la que consideró, al decir de aquel, como ‘una especie de hija bastarda’ (…) don Sebastián parece tener claras intenciones de hacer difícil la vida a todos los amigos de Robledo.

“Los vecinos entonces se rebelan contra el Gobernador. Éste les cambia por cuarta vez de teniente e impone el régimen duro de Alonso Díaz Madroñero, incondicional suyo, al tiempo que empieza una repartición de tierras a vecinos de Cali y Popayán, lo que obliga a algunos habitantes de Cartago a emigrar a otras regiones (…)

“Los cartageneros de Cartago se resisten de nuevo al Gobernador Belalcázar, rechazan al nuevo teniente, y hasta amenazan apelar al Consejo de Indias de Sevilla. Pero como el Conquistador no se para en pelillos, de su reacción habrá de nacer la tercera ciudad de Caldas y la cuarta de la región (…)

“Belalcázar ha llegado al convencimiento de que debe desmontar el andamiaje que construyera Robledo dentro de su Provincia y la mejor ocasión es un intento de rebelión de los Quimbayas y el anuncio de los Armados de que no vendrán hasta Cartago a pagar los tributos.

“Entonces decide crear una ciudad, en todo el cuello de las comunicaciones de la inmensa región, y así nace Arma (…)

“La ciudad nace y se mantendrá durante tres siglos como una paradoja permanente. Y su creación hace honor a tal concepto puesto que Belalcázar la funda, no para desarrollar la región sino con dos fines muy específicos: ser el fuerte desde donde se dará la batalla a los indígenas del norte y oponerse políticamente a las ciudades robledinas de Anserma, Cartago y Antioquia” (Nota 4).

Las prevenciones de Belalcázar no eran infundadas, pues en España Jorge Robledo consiguió liberarse de las acusaciones de Heredia y aunque no pudo conseguir que lo nombraran Gobernador, sí obtuvo el título de Mariscal y que los reyes le concedieran un escudo de armas en el que aparecen aquellas tres ciudades fundadas por él, representadas por tres torres dibujadas en uno de los cuadros (Nota 5).

Sobre el fundador de la Ciudad de Arma, el cronista contemporáneo Cieza de León no le rebaja a Miguel Muñoz el título de “cruel carnicero” cuando relata que en Pindaná de los Cerritos (cerca de Pereira) ahorcó tantos indios que hizo caer el árbol del que los había colgado. Ricardo de los Ríos agrega: “Y a tanto llegó su peligroso prestigio que los mismos españoles hubieron de juzgarlo y condenarlo a destierro y multa por su trato a los indios. Pero, cuando esperaba el resultado de su apelación a la Corona, los indios Gorrones, de su propia encomienda, lo asesinaron en el Valle del Cauca en 1554” (ídem).

 

NOTAS

Nota 1. Jorge Robledo. “Relación de Anserma” o “Descripción de los pueblos de la provincia de Anserma” (cerca de 1543), en: Hermes Tovar Pinzón. Relaciones y visitas a los Andes, siglo XVI. Bogotá, Instituto de Cultura Hispánica, pág. 356.

Nota 2. Jorge Robledo. “Relación de los servicios del capitán Jorge Robledo” (ca. 1543), AGI, Sevilla, Sección 5ª. Audiencia de Lima, Le.204 –Carpeta- Perú, publicada como “Robledo ante el emperador. Crónicas de sus propias conquistas”, en: Caldas en las crónicas de Indias, Manizales, Academia Caldense de Historia, Ed. Manigraf, 2007. Para ampliar este tema, consúltese a Norberto Vélez Escobar y Sofía Botero Páez. La búsqueda del valle de Arví, 3ª. ed. Medellín, Municipio de Medellín, 2009.

Nota 3. Pedro Cieza de León. “La Guerra de Quito”, capítulo XCIX. En: Pedro Cieza de León. Obras Completas, tomo II. Las guerras civiles peruanas. Estudio crítico de Carmelo Sáenz de Santa María. Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo. Madrid, 1985. Monumenta Hispano-Indiana. V Centenario del descubrimiento de América.

Nota 4. Ricardo de los Ríos Tobón, Historia del Gran Caldas, vol. 1. Orígenes y colonización hasta 1850. Manizales, Imprenta Departamental, Biblioteca de Escritores Caldenes, 1983, pág. 279 y ss.

Nota 5. “Don Carlos y Doña Juana, por cuanto vos, el Mariscal Robledo… mandásemos dar por armas un escudo que hay en él tres cuartos: en el primero alto de la mano derecha tres torres de plata en campo colorado en memoria de tres ciudades que vos poblasteis, en el otro cuarto de la mano izquierda un peñón en su color con una cerca de oro en lo alto de él, en memoria de la fuerza [la fortaleza] que vos ganasteis a los indios y del río que estaba al pie del peñón, por donde viniste a él con unas aguas azules y blancas en campo verde y en cuarto abajo un león rapante de oro en campo azul, en memoria de aquel cacique que prendisteis y por orla ocho murciélagos pardos que tiran a negros, con la boca abierta y los dientes agudos en campo de oro y por temple un yelmo cerrado y por divisa una águila negra real rapante, abiertas las alas con sus trascolas o como la vuestra merced fuese…” (Víctor Zuluaga Gómez. Historia de Cartago la Antigua. Provincia de Popayán. Pereira, 2002, pág. 32).

 

  1. EL CABILDO DE CARTAGO PROTESTA POR LA FUNDACIÓN DE ARMA (1545)

(Ítems 15 y 16 de las instrucciones)

Tomado de: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/colonia2/4.htm#4.

Germán Colmenares. Lecturas de historia colonial II. Las Leyes Nuevas y su promulgación en la Nueva Granada (1542-1550)
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PETICIONES DE LOS CABILDOS: CARTAGO.
Instrucción de lo que Francisco de Rodas ha de negociar, por la ciu­dad de Cartago y gobernación de Popayán, ante el Rey y su Real Conse­jo de Indias (16 de enero de 1545)
Lo que Vuestra Merced señor Francisco de Rodas, ha de negociar por la ciudad de Cartago, vecinos y conquistadores de ella ante Su Majestad y ante los del su muy alto Consejo de las Indias, en el cargo que Vuestra Merced lleva por esta gobernación de Popayán, ciudades y villas de ella, y por esta ciudad de Cartago es lo siguiente:
1. Primeramente, que Su Majestad reponga y dé por ningunas las orde­nanzas que mandó enviar a esta gobernación, de las cuales tenemos suplicado, teniendo respeto a la calidad de esta tierra y que esta gobernación es pobre y estéril de mantenimiento y los naturales indómitos e incapaces para que en ellos se efectúe lo que Su Majestad manda por las dichas ordenanzas, porque esta tierra no es tan abundante de indios y comidas y otras cosas como el Perú y la Nueva España.
2. ltem, ha de negociar que Su Majestad haga merced a los vecinos y conquistadores de esta ciudad de Cartago de los indios que tienen encomendados perpetuos, y ya que Su Majestad no lo quiera conceder, que a lo menos haga merced de ellos por tres vidas.
3. Item, ha de negociar que Su Majestad haga merced a los conquista­dores y vecinos de esta dicha ciudad que del oro que se sacare de las minas, que no se pague más que de quince uno, por tiempo de veinte años.
4. Otrosí, pedir que Su Majestad haga merced a esta dicha ciudad, vecinos y conquistadores de ella, que de las sepulturas que en esta ciudad y sus provincias se hallaren, no se pague más del quinto.
5. Otrosí, que Su Majestad haga merced a los vecinos y conquistadores de esta dicha ciudad de les dar licencia para traer de España o del Reino de Portugal mil y quinientos negros, horros [exentos] de todos derechos, pa­ra los echar a las minas y con ellos sacar oro y aumentar sus rentas reales.
6. Pedir que Su Majestad haga merced a los vecinos y conquistadores de esta dicha ciudad [de] que ningún gobernador sea parte ni pueda remo­ver los indios que los conquistadores y descubridores de esta dicha ciu­dad tuvieren encomendados o depositados, porque de estos removimientos la tierra se pierde y los conquistadores reciben muy grandes gastos y pérdidas de sus haciendas.
7. Otrosí, pedir que Su Majestad haga merced a los vecinos y conquistadores de esta dicha ciudad que, por que están pobres y adeudados de los gastos que han hecho en el descubrimiento de estas partes, que no les sea hecha ejecución en sus armas y caballos y ropas de su vestir y cama y casa de su vivienda, ni en sus esclavos.
8. Otrosí, que Su Majestad haga merced a los dichos vecinos y conquistadores, que porque al presente no tienen esclavos con qué sacar oro de las minas ni posibilidad para comprarlos, que los indios de su repar­timiento puedan ir a sacar oro, cinco jornadas de sus pueblos de los di­chos indios, a las minas donde lo sacaren.
9. Otrosí, ha de suplicar a Su Majestad que el teniente que se proveyere por el gobernador a esta dicha ciudad, sea a contento de los vecinos del pueblo, y que sea conquistador; y que la elección de alcaldes y regidores la pueda hacer el cabildo y sin ir el gobernador como se ve cada año.
10. Otrosí, pedir y suplicar a Su Majestad que cualquier conquistador que fuere a negociar fuera de la gobernación o a España, pueda llevar para su servicio seis piezas de indios e indias de su repartimiento, porque en esta tierra no hay otro servicio sino de los dichos indios e indias.
11. Otrosí, ha de pedir y suplicar a Su Majestad que los indios que vacaren en esta dicha ciudad, habiéndose de proveer, se den a los prime­ros conquistadores y pobladores de ella, y que no se puedan dar a otras personas, por cuanto hay muchos conquistadores que no tienen indios y esperan vacaciones.
12. Otrosí, ha de pedir a Su Majestad que las tierras y estancias y caballerías de tierra, se repartan en los primeros conquistadores y pobladores y después en los pobladores que sucedieren.
13. Otrosí, ha de pedir a Su Majestad que ningún gobernador sea par­te ahora ni en ningún tiempo para echar pechos y servicios o empréstitos a los vecinos y conquistadores de esta ciudad de Cartago.
14. Otrosí, ha de pedir y suplicar a Su Majestad que cualquier conquistador que saliere de esta ciudad para ir a negociar sus negocios a cualesquier gobernaciones o a los reinos de España, que los indios que tuviere encomendados se los sustenten al tal conquistador cuatro años; porque muchos conquistadores y vecinos habrían ido a España a traer sus mujeres y otros a se casar, y con las dichas sus mujeres traerían doncellas y parientas suyas para las casar en esta tierra y se perpetuarían, de que Dios, Nuestro Señor, y su Majestad serían muy servidos, y con temor que en yéndose les quitarían los indios, como se ha visto y se ve ca­da día, no osan ir ni dejar los repartimientos que tienen. Que Su Majestad haga merced de los dichos cuatro años a cualquier conquistador que quisiere ir a lo susodicho y que en el entretanto no les sean quitados ni removidos los dichos sus indios.
15. Pedir y suplicar a Su Majestad que se vuelvan a esta dicha ciudad de Cartago las provincias de Arma y Picara y Paucura y Pozo y Carrapa y Cenufara, que son términos de esta dicha ciudad, nombrados desde el día que esta dicha ciudad se pobló y fundó en nombre de Su Majestad y por el marqués don Francisco Pizarro y por el señor adelantado don Sebastián de Belalcázar lo fueron.
16. Otrosí, dados y confirmados en nombre de Su Majestad, y no embar­gante todo lo susodicho y a los requerimientos que el cabildo y procurador de esta dicha ciudad que hicieron al señor adelantado [éste] pobló en las dichas provincias y términos de esta dicha ciudad de Cartago la villa de Arma, a cuya causa esta dicha ciudad está en término de despoblarse, por no se poder sustentar por los cortos términos y pocos iridios que el dicho señor gobernador dejó a los vecinos de esta ciudad, porque para lo más largo de todos los términos de esta dicha ciudad, no hay más de seis leguas en lo más que puede haber, y de ancho hay cuatro leguas, porque de la una banda están las Sierras Nevadas y por la otra banda está el Río Grande de Santa Marta.
De los cuales dichos capítulos susodichos, Vuestra Merced, señor Fran­cisco de Rodas, ha de tener fe y testimonio de cómo Su Majestad pidió y suplicó, para que nos conste hacer lo que es obligado, conforme al cargo que lleva. Fecho a diez y seis días del mes de enero de mil quinientos y cuarenta y cinco años.

[ Firmas y rúbricas: ] Nava.

Patronato, leg. 195, ramo 14, fol. 39.