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Riosucio
 

1538-1539

JUAN VADILLO LE PONE EL NOMBRE DE RIOSUCIO AL RÍO IMURRÁ. LA CIUDAD DE BIRÚ. BELALCÁZAR Y ROBLEDO OCUPAN LAS TIERRAS DEL CACIQUE OCUZCA Y FUNDAN LA CIUDAD-PROVINCIA DE ANSERMA

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Mapa de la ruta seguida por Juan Vadillo en 1538 por el Cauca Medio

  1. Origen del nombre de Riosucio

 

Una antigua tradición riosuceña le atribuye al conquistador Juan Vadillo haberle dado el nombre de Riosucio al río Imurrá, el cual pasa a 2 Kms al sur del actual casco urbano de Riosucio, en dirección a Anserma. Este pequeño río nace en el punto de la Piedra Pintada, desciende por la cuchilla que forman los cerros Ingrumá e Ibá, atraviesa el Valle de los Pirzas y vierte sus aguas al río Supía, casi justo donde éste desemboca en el río Cauca, a la altura del sector de El Palo (cerca de La Felisa en la Carretera Panamericana que comunica a Medellín con Manizales).

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Desplazamiento del nombre Riosucio del río Imurrá al pie del cerro Ingrumá

Dicha tradición fue recogida desde 1917 por Rufino Gutiérrez, hijo del poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González:

“Dice la tradición que el nombre que tenía la población fue confirmado por el presidente de la República y por el obispo de la diócesis y que le fue dado porque el riecito cercano -que antes se llamaba Imurrá- lo bautizo Ríosucio el conquistador Juan de Badillo por haberlo encontrado turbio a causa de derrumbamientos en la cuchilla de Iba” (NOTA 1)

La maestra Purificación Calvo de Vanegas, en su emblemático libro de 1964, se hace eco de la misma tradición:

“Al llegar a los encuentros del río Supía con el Imurrá, Badillo y sus compañeros observaron que este último arrastraba en su corriente gran cantidad de lodo y por este motivo lo llamaron RIOSUCIO, nombre que más tarde se extendió a todos sus contornos, especialmente al sitio que queda al pie del “Engrumá” (…) Las aguas del Imurrá presentaban este aspecto debido al derrumbamiento de la cuchilla de Iva. Las colinas que se desprendieron del Engrumá, al ser arrastradas por las aguas, formaron la “playa de Imurrá” –conocida hasta hoy con ese nombre-. Se asegura que las aguas del Imurrá estuvieron arrastrando lodo por un espacio no menor de dos años” (NOTA 2)

 

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Logosímbolo de la conmemoración de los 475 Años del Nombre de Riosucio,
septiembre de 2013

En los documentos consultados no se encuentran referencias a esta avalancha, pero es indudable que un fenómeno natural que se prologó por dos años, que dejó La Playa como huella visible y que fue paso obligado del camino que empezaba a abrirse entre Anserma Viejo y la vega de Supía no se borra fácil de la memoria colectiva. También es razonable pensar que fueron los primeros viajeros por este camino quienes fueron desplazando el nombre desde el río hasta el pie del cerro Ingrumá, que desde 1720 ya se conoce con el nombre de “sitio de Riosucio”, donde en 1819 se funda el pueblo del mismo nombre.

Sobre el paso de Vadillo por territorio riosuceño la evidencia sí es abundante y amerita exponerse porque recoge la llegada de los primeros españoles sobre el actual municipio de Riosucio y sus comarcanos; permitiendo conocer aspectos ignorados hasta este momento, como la existencia del pueblo indígena de Birú, que sería sede de un señorío, cuyo cacique se llamaba Riterón. Todos los datos apuntan a que el pueblo de Birú estaría ubicado en el Valle de los Pirzas, surcado por el río Riosucio y el cual se extiende entre el cerros Carbunco (hoy en el Resguardo Indígena de Cañamomoomaprieta) y el cerro Picará o Clavijo (hoy en el Resguardo Indígena de Escopetera Pirza), jurisdicción del Municipio de Riosucio.

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Expedición Río Riosucio 475 Años, agosto de 2013

 

  1. Paso de Juan Vadillo por Caramanta, Supía, Riosucio y Quinchía en 1538. Desvío de las minas de Marmato. El pueblo indígena de Birú. Violencia en el valle de los Pírzas.

Siempre se ha sabido, por la misma tradición oral anotada, que por Riosucio pasó el conquistador español llamado Juan Vadillo, que él venía huyendo de Cartagena y que fue quien le dio el nombre de "Riosucio" al río Imurrá, porque lo cruzó durante una gran avalancha. Pero poco se conoce de quién fue este personaje, qué lo trajo por aquí, cuándo y por dónde ingresó, qué cosas hizo. Y de verdad hubiera sido deseable encontrarse con un aventurero medio loco, ladrón de caudales o raptor de doncellas cartageneras, y no con el personaje ambicioso, fracasado y cruel que resultó.

  1. La expedición

 

El licenciado Juan Vadillo era oidor (juez) de la Audiencia de la isla de Santo Domingo (hoy República Dominicana y Haití), cuando en 1537 fue enviado a Cartagena a investigar al gobernador Pedro de Heredia, quien tres años antes había fundado esa ciudad. Pero abusando de su encargo, Vadillo puso preso a Heredia y usurpó la gobernación. Cuando se enteraron en España, mandaron otro juez a investigar a Vadillo, de apellido Santa Cruz. En ese momento llegó a Cartagena la noticia que había salido a Urabá el explorador Francisco César proveniente de la provincia de Guaca (Frontino, Antioquia), donde había sacado mucho oro de las sepulturas indígenas, con el anuncio de haber estado muy cerca de “Dabaibe”, un tesoro legendario parecido al de“El Dorado”.

Entonces Vadillo, como nuevo gobernador de Cartagena, organizó una gran expedición para buscar a “Dabaibe”, y así lograr enriquecerse, llevarle un parte de la ganancia al rey y que le perdonaran su delito. Esta expedición salió de San Sebastián de Urabá el 24 de enero de 1538, con 200 soldados españoles, cerca de 50 esclavos negros, 50 indígenas de servicio, algunos indígenas “lenguas” o traductores, 4 curas y 300 caballos. O sea, todo un ejército, armado a una inversión de 50.000 pesos.

  1. La ruta desde Urabá hasta salir de Caramanta

 

En la serranía de Abibe los españoles tuvieron largos combates con el cacique Nutibara sin derrotarlo, aunque matándole un hermano. Cuando llegaron al valle de Guaca ya los indios habían desocupado las sepulturas. En junio arribaron a Buriticá, un cerro rico en oro, cerca de la actual Santafé de Antioquia, donde su cacique los enfrentó y se negó a mostrarles las minas, por lo que Vadillo les ordenó a sus esclavos negros que quemaran vivoal cacique indio. Pero Vadillo no se quedó a fundar un pueblo y explotar el mineral, porque su propósito no era sacar el oro de la tierra sino encontrar un tesoro a lo Indiana Jones. En esa zona Vadillo descubrió el río Cauca, y siguiendo su curso río arriba llegó al actual Suroeste Antioqueño.

En esta zona los españoles arribaron a la provincia de Guarú (tal vez Bolombolo) y apartándose del río Cauca, ascendieron por el río Manderria (tal vez el río San Juan, que cae al Cauca en Peñalisa, cerca de Bolombolo), hasta la provincia de Corid (tal vez el Municipio de Andes, porque allí hay un barrio que tiene el nombre de “Cori”).Aquí murió Pablo Fernández, el mejor explorador que llevaba esta expedición. En Corid los indígenas le dijeron a Vadillo que en la montaña que tenían delante, Caramanta, tierra del cacique Cauromá, encontrarían varios tesoros, además de una sierra llamada Cuircuir, tan rica que el oro se cogía con las manos, que sería el cerro de Marmato (NOTA 3).

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Probable ruta de Vadillo por la montaña de Caramanta y descenso a Supía y al Valle de los Pirzas

Con esta expectativa, Vadillo asciende a Caramanta y allí captura a varios indígenas, entre ellos dos “capitanejos valientes de cuerpo”,a quienes obliga a conducirlo hasta Cuircuir. Pero estos lo engañan, y en lugar de bajarlo a las cercanas minas de oro de Marmato, lo meten por la tupida montaña de Caramanta.“Fuimos así por este arcabuco hastallegar a un río que fue el primero que hallamos que corría al sur”, que sería el río Arroyo Hondo, en la parte alta de Riosucio y Jardín. Los españoles con sus caballos duran perdidos y sin comida siete días hasta que el 14 de agosto encuentran una salida por otro río (posiblemente el río Aguas Claras, que atraviesa el actual Resguardo Indígena de San Lorenzo en Riosucio).

Al día siguiente salen del arcabuco (monte muy espeso y cerrado) de Caramanta y llegan a un valle raso, donde caen con armas y caballos sobre los pocos bohíos que allí había. Los indios huyen y los españoles consumen el poco maíz que encuentran. Vadillo manda buscar un sitio con más comida. Así llegan a otro valle, amplio y de mejor temperamento. Y en él encuentran construida una población grande que los indígenas llamaban BIRÚ o Byru, como escribe a veces Vadillo.

 

  1. La ubicación de Birú

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Valle de los Pirzas, surcado por el río Riosucio, visto desde el cerro Quimbaya.
De izquierda a derecha los cerros Sinifaná, Loma Grande y Carbunco
(Foto: Julián Alberto Grisales Agudelo)

El lugar de ubicación de Birú no es fácil. Los tres cronistas que cubren esta expedición coinciden en informar que después de salir de la montaña de Caramanta las tropas españolas llegaron primero a un valle con recursos limitados y luego a otro mejor, donde estaría el gran poblado indígena.

En la relación del propio Vadillo al rey de 1539 se lee:

“Estando subiendo la gente ya tarde tornó la guía que había enviado y trajonueva que había visto unos bohíos fuera del arcabuco, lo que la gente como estaba tan atemorizada de la mala nueva que antes había traído no creía, pero dijo [ilegible] que aquel día no podíamos llegar a ellos salvo a un río que estaba antes. Y cómo la gente estaba tan fatigada que ya dos días había que no comían sino unas raíces de unos surcos que llaman iracas y de maíz habían tenido mucha falta, parecióme que era menester trabajar de les sacar del arcabuco para que a lo menos tuviesen algún aliento con ver poblado ya que allí no se hallase de comer. Y así fue que con la misma orden que adelante hice dar tal prisa que a las once después de mediodía llegué a aquel río y a las tres la guía nos apercibió que nos armásemos que había gente. Y armados salimos en los bohíos y la gente que allí había cómo nos vio dejónos libre el campo y metiéronse por los montes por manera que no se pudo tomar casi ninguno.

“Hallamos maíz verde que ya estaba granado aunque era poco de que la gente que toda llegó ese día hasta la noche se remedió. Esto fue víspera de Nuestra Señora de Aº [Agosto] que ha está que viene un año la gente con ver poblado, aunque poco se alegró. E otro día hicimos fiesta a nuestra Señora por la merced que nos hizo en nos librar de tanta necesidad y luego acabada la misa envié gente por dos partes a buscar poblado a donde se hallase de comer porque allí no lo había y lo que se halló que era aquel maíz mazorcas y hoja no bastó para aquel día para la gente e venían así ellos como los caballos tan fatigados que corrían riesgos si no se hallaba.

“Teníamos esperanza de lo hallar porque los indios habían dicho que allí había una grande población y que era muy rica salieron a buscar y el uno de los que salió halló una población grande que los indios llaman Byru.Sabido esto me fui allí con toda la gente a donde se halló gran abundancia de maíz e frisoles y algunos curíes de que la gente se remedió e reformó y los caballos porque todos veníamos tales que si no halláramos aquel reparo pereciéramos”.

Por su parte, Pedro Cieza de León, quien viajaba con Vadillo, escribe en La crónica del Perú (1552, con anotaciones de viaje tomadas desde 1542 aproximadamente):

“Pasado este monte [Caramanta] está un valle pequeño, sin montañas, raso, de poca gente; mas luego, un poco adelante, vimos un grande y hermoso valle muy poblado, las casas juntas, todas nuevas, y algunas dellas muy grandes; los campos llenos de bastimento de sus raíces y maizales”.

Y Juan de Castellanos, que conoció esta historia por el testimonio de Juan de Orozco, quien fuera oficial de Vadillo, escribió en Las elegías de varones ilustres (1887):

“Y ansí segundo día ya pasado
Después que fue la nueva percebida,
Salieron a lo raso y escombrado
Do vieron población bien extendida:
Hallan el primer pueblo despoblado,
Aunque con abundancia de comida,
Y por el buen recurso que allí hubo
El campo veinte días se detuvo.

“Entre tanto Joan Ruiz de Molina,
Con la gente que estaba menos lesa,
Sus pasos a rancheos encamina,
Y captivó de gente buena presa,
Con dos mil pesos de moneda fina;
Ansimismovio más amplia dehesa,
Ameno valle todo cultivado,
Y población por uno y otro lado.

“La gente con deseo de ganancia,
Que ya más reformada se sentía,
Al valle se pasó, cuya substancia
Era de señalada mejoría”.

Confrontado el relato con la geografía local, y asumiendo que los españoles bajaron por el río Aguas Claras, el primer valle podría ser la pequeña hondonada donde se ubica actualmente el centro poblado de San Lorenzo y el segundo el del río Supía, por lo que Birú estaría en el Vega de Supía (NOTA 4).

Pero don Julián Bueno Rodríguez, historiador riosuceño, hace caer en la cuenta que Cieza escribe que el primer valle es “raso, sin montaña”, en tanto Castellanos dice que “salieron a lo raso y escombrado”, con lo que el primer valle sería la Vega de Supía, que en efecto es un plan de un par de kilómetros.

Esta observación la comparte el historiador supieño Luis Fernando González Escobar, quien informa, verbalmente, que hace 500 años el río Supía no había sido domesticado, sino que recorría la vega en meandros, serpeteante, desbordándose en invierno y anegando todo el terreno, lo que hacía de la vega un sitio inundable e insalubre, y por tanto no apto para establecer un pueblo importante.

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La vega del río Supía desde el cerro Hojas Anchas. Se aprecian los cerros: A. Campanario. B.  Carbunco. C.  Loma Grande. D. Sinifaná (Riosucio). Detrás de ellos está el valle de los Pirzas, con acceso a Quinchía (adaptación sobre foto de: http://www.panoramio.com/photo/40639549)

Con estos aportes se concluye que si el primer valle es la Vega de Supía, el segundo sería el Valle de los Pirzas. Este valle, regado por el río Imurrá o río Riosucio, presenta mejores condiciones físicas (“más amplia dehesa”, “con substancia de notoria mejoría”, como dice Castellanos). Además, los numerosos petroglifos ubicados en él parecen confirmar la existencia de una población importante, del tiempo de la conquista o anterior.

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Petroglifos en el valle de los Pirzas. A la izquierda, “La piedra herrada” (Resguardo de EscopteraPirza). A la derecha, la figura “La piedra del jaguar” (Resguardo de CañamomoLomaprieta).

Es de observar que de los tres cronistas mencionados (Vadillo, Cieza y Castellanos) sólo Juan Vadillo trae el nombre de “Birú”, y no una sino siete veces. Castellanos dice que después de averiguar con los indios “caramantes” el nombre del sitio, dijeron que era “Manserma”, pero aquí el cura de Tunja se confunde porque el nombre de “Anserma” lo inventó Sebastián de Belalcázar en 1536 y Vadillo sólo supo de él cuando llegó a Cali en diciembre de 1538 (NOTA 5)

Las alternativas de ruta de Vadillo entre la vega de Supía, el valle de los Pirzas y Quinchía pueden verse en el siguiente gráfico, advirtiendo que la ubicación de Quinchía actual no es de la de Guacuma hace cuatro siglos.

mapa ruta vadillo por vega de supía y valle pirzas
Rutas probables de Vadillo por la Vega de Supía y el Valle de los Pirzas

  1. Violencia en el Valle de los Pirzas

 

En Birú los españoles tienen la fortuna de proveerse de comida en abundancia; pero encuentran también tres malas nuevas: una, que el pueblo había sido despoblado la noche anterior; dos, que los guías de Caramanta los habían desviado del camino a las minas de oro de Cuircuir (posiblemente el cerro de Marmato) “por no nos las mostrar”, y tres, que hacía dos años habían pasado ya hombres barbudos por ese territorio (tropas de Sebastián de Belalcázar). En prueba les mostraron una suela de zapato (más adelante, en Quinchía, encontrarían una calavera de caballo). Así lo cuenta Vadillo:

“Luego hice poner grande recaudo en el real porque me pareció que adonde había tanta población y no parecía gente que debían tener señor y se juntaban para tornar sobre nosotros porque no se podía pensar otra causa pues era tanta población y pareció nueva y no salía gente por ninguna parte como hacían en las otras partes donde antes habíamos llegado.

“Hice ir gente para que corriese la tierra y se buscasen indios para que supiésemos qué tierra era y dónde estábamos. Trajéronse algunos y no se halló quién entendiese nuestra lengua; húbose de tornar atrás por el mismo arcabuco donde se tomaron lenguas, por las cuales supimos que aquella población se llama Byru y cómo nos habían pasado de las minas de Cuyrcuyr y que por no nos las mostrar nos habían metido en aquel arcabuco y que hacía dos años que allí habían llegado cristianos y que les habían dado una guasábara y que de temor de aquellos eran todos huidos, y para confirmación de esto hallamos una suela de zapato que fue la primera señal que de españoles vimos”.

Vadillo permaneció un mes en Birú. Pero los nativos, viendo que se prolongaba la visita, empezaron a hostigar todas las mañanas el campamento español. Vadillo ordenó tenderles una emboscada y acabar con “la bestial y bruta pestilencia”, como lo narra Castellanos.

“Como tuviesen pues mantenimiento
Y noticia de minas tan pujante,
Un mes gastaron en aquel asiento,
Sin que quisiesen ir más adelante;
La gente natural con descontento
De ver sus sementeras de menguante,
Venían a los collados fronteros
A los amenazar con grandes fieros.

“Y como ningún día se dejase
De hacer esto, para castigallos,
El Vadillo mandó que se emboscase
Mojica con peones y caballos,
Y cuando la caterva comenzase
A los amenazar y deshonrallos,
Tomase las espaldas con la gente
Y rompiese por ellos de repente”.

Así fue. Una mañana el capitán Mujica los atacó por la espalda y mató una multitud de indígenas. El suelo se convirtió en un lago de sangre. Algunos indígenas fueron capturados y otros huyeron.

“El hierro de la lanza se ensangrienta
Con presurosa voz de ¡Santiago!
Peones con espada violenta
En indios hacen no menor estrago;
Creció la crueldad sanguinolenta,
Tanto que en el suelo hacen lago:
Algunos desamparan los tumultos,
Y otros quedaron como vanos bultos.

“Pero muy poca gente quedó viva
Con el ciego furor y turbulento,
Y desta mucha parte fue captiva
Que del lugar no hizo movimiento;
Al campo la victoria se deriva,
De que Vadillo tuvo gran contento,
Y ansí nunca más después de este rebato
Hubo bravosidad ni desacato”.

Por si esto fuera poco, llegada la calma, un soldado se alejó del campamento a hacer sus necesidades, siendo sorprendido y asesinado por un grupo de indígenas que se habían escondido en los matorrales. Para escarmiento, Vadillo ordenó darle muerte a cincuenta capturados, “que estaban harto libres del delito”, por el drástico método de empalamiento, es decir, atravesando cada cuerpo con un palo:

“Y en esta parte, do se representa
Haber sido la muerte y el conflito,
Empalaron después más de cincuenta
Que estaban harto libres de delito;
Y ansí toda la tierra se amedrenta
De modo que no dan guerrero grito,
Antes de paz un cierto señor vino
Y trajo dos mil pesos de oro fino”.

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Empalamiento de mujer en Europa, S. XVI

Viendo el desastre de sus tropas, el señor de Birú, llamado Riterón, acompañado de otros 12 caciques (NOTA 6), se presentó ante el jefe del ejército invasor llevándole dos mil pesos de oro fino, y se ofreció a conducirlo a un pueblo más rico, “jornada solamente de dos días”, de nombre Guacuma (hoy Quinchía). Castellanos dice que todo fue un engaño para hacer salir a los españoles de territorio:

Doce de su jaez trajo consigo,
Y al Vadillo habló desta manera:
“Has de saber que Riteron me digo,
Señor universal de esta frontera;
Deseo que me tengas por amigo,
Y que el amistad sea verdadera;
Y que para ser tal la mía crea
Yo te quiero mostrar lo que deseas.

Si quieres que te cubra mejor pluma,
No gastes aquí más horas baldías;
Vamos a la provincia de Guacuma,
Jornada solamente de dos días;
De oro hallarás inmensa suma:
Tinajas, ollas, platos, almofrías;
Y porque tengo cierta confianza
Yo quiero ser la guía de esta danza”.

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Con tan próspera nueva como esta
Contentamiento recibió Vadillo;
Dióle de mil favores la repuesta
Diciendo que sería su carillo,
Y todos le hicieron grande fiesta
Por prometellos copia de amarillo;
Pues con tantas tinajas y vasijas
Podían casar hijos e hijas.

Más nunca vieron tan felice año,
Aunque dieron en bien poblado seno,
Pues eran relaciones con engaño
A fin de los sacar de su terreno,
Adonde recibían mucho daño
Y estaba ya vacío de muy lleno;
Pero debajo de lo que decía
En su demanda fueron otro día.

Hallaron por los altos reventones
El camino bien hecho nuevamente
Por estos indios, con las intenciones
Ya dichas en el verso precedente:
Entraron en crecidas poblaciones,
Mas no hallaron ánima viviente;
No ven señal ni muestra de ganancia,
Pero de lo demás gran abundancia (…)

Llama la atención de la última estrofa la referencia a “el camino bien hecho nuevamente”, lo cual indica que el camino existía, pero que fue destruido por los indios para bloquear el paso de los españoles. En segundo término, que este camino estuviera trazado “por los altos reventones” parece sugerir que la ruta de salida haya sido subiendo por el río Imurrá hasta el cerro Ibá. Pero también pudo ser bordeando el cerro Picará o Clavijo, pues por los dos lados hay salida del Valle de los Pirzas a Quinchía.

  1. De Quinchía a Cali y destino de Vadillo

 

Cuando los españoles llegaron a Guacuma (Quinchía) encontraron el pueblo despoblado de gente y de oro. Yendo a buscar lo uno y lo otro, vieron a la entrada de los bohíos de los indios altas guaduas que tenían engarzadas en las puntas manos y pies de sus enemigos. La escena le pareció “odiosa, bestial y detestable” a quienes atrás dejaron 50 cadáveres en peores condiciones.

Vadillo pues, sintiéndose corrido
Porque pensó medrar con las migajas,
Al indio dijo: “Di, ¿por qué has mentido?
¿Adónde están las ollas y tinajas?”
Respondióle: “Los indios han huido,
Y llevaron consigo sus alhajas;
Buscad como debéis al enemigo,
Y hallaréis ser cierto lo que digo”.

Buscaron, mas no ven señal preciosa
A los humanos ojos agradable,
Escudriñando gente cudiciosa,
Que en esto suele ser infatigable;
Mas vieron a las puertas una cosa
Odiosa, bestial y detestable,
En guadubas hendidas que tenían
Manos y pies de hombres que comían.

De Quinchía la expedición de Vadillo se movió al valle del río Cauca y el 24 de diciembre arribó a Cali, sin haber hecho fundaciones, sin tesoro y con 50 españoles menos, que murieron en la travesía. Sólo con el mérito de haber abierto el camino terrestre del mar del Norte al Mar del Sur (Perú).

En Cali (fundada en 1536) estaban las tropas venidas del Perú, pero Vadillo no se encontró con Belalcázar, quien se había escapado para las tierras del cacique Bogotá en busca de “El Dorado”, sino con Lorenzo de Aldana, enviado por Pizarro a vigilar a aquel. En Cali se desbarató la expedición de Vadillo y los soldados de Cartagena, desengañados, se pasaron para el bando del Perú.

En otro libro, Las Guerras civiles del Perú, Cieza relata que Vadillo se quiso devolver a poblar Buriticá, pero Aldana se lo impidió y prácticamente lo obligó a salir del país, por la ruta Popayán, Quito, Paita (puerto del norte del Perú) y Panamá.

En Panamá el licenciado Vadillo fue capturado, llevado preso a Cartagena y de ahí enviado a España. Una vez en la península se le abrió juicio por haber usurpado la gobernación de Cartagena, pero este anti-héroe logró dilatar por 25 años el proceso en la Corte, hasta que primero lo alcanzó la muerte.

 

juan vadillo

 

  1. Paisajes, cerros sagrados, costumbres y caciques que encontraron los españoles en la región

Pedro Cieza de León hace la descripción, en 1553, de los parajes que corresponden a Quinchía, Riosucio y Supía, ubicados a cuatro leguas de la villa de Anserma:

“Cuatro leguas de ella al occidente está un pueblo no muy grande, pero es bien poblado y de muchos indios, por tener muy grandes casas y ancha tierra. Pasa un río pequeño por él, y está una legua del grande y muy rico río de Santa Marta [el río Cauca], del cual, si a Dios pluguiere, haré capítulo por sí, contando por orden su nacimiento a dónde es y de qué manera se divide en dos brazos.

“Estos indios tenían por capitán o señor a uno dellos bien dispuesto, llamado Ciricha. Tiene, o tenía cuando yo lo vi, una casa muy grande a la entrada de su pueblo, y otras muchas a todas partes de él, y junto aquella casa o aposento está una plaza pequeña, toda a la redonda llena de las cañas gordas que conté en lo de atrás haber en Caramanta, y en lo alto dellas había puestas muchas cabezas de los indios que habían comido. Tenía muchas mujeres. Son estos indios de la habla y costumbres de los de Caramanta, y más carniceros y amigos de comer la humana carne (…)

“Nascen de una montaña que está por alto deste pueblo muchos ríos pequeños, de los cuales se ha sacado y saca mucho oro, y muy rico, con los mismos indios y con negros [los negros llegaron con Vadillo]. Son amigos y confederados éstos y los de Caramanta, y con los demás sus comarcanos siempre tuvieron enemistad y se dieron guerra. Un peñol fuerte hay en este pueblo, donde en tiempo de guerra se guarecen. Andan desnudos y descalzos, y las mujeres traen mantas pequeñas y son de buen parecer, y algunas hermosas. Más adelante desde pueblo está la provincia de Zopia. Por medio de estos pueblos corre un río rico de minas de oro, donde hay algunas estancias que los españoles han hecho. También andan desnudos los naturales de esta provincia. Las casas están desviadas [apartadas],  como las demás, y dentro dellas, en grandes sepulturas, se entierran sus difuntos. No tienen ídolos, ni casa de adoración no se les ha visto. Hablan con el demonio. Cásanse con sus sobrinas y algunos con sus mismas hermanas, y hereda el señorío o cacicazgo el hijo de la principal mujer (porque todos estos indios, si son principales, tienen muchas); y si no tienen hijos, el de la hermana de él. Confinan con la provincia de Cartama, que no está muy lejos de ella, por la cual pasa el río grande arriba dicho. De la otra parte de él está la provincia de Pozo, con quien contratan más”.

Los cronistas españoles detuvieron su mirada en los múltiples cerros que encontraron en la provincia de Anserma, informando que ellos eran el asentamiento de las aldeas indígenas, que eran usados por éstos para su defensa y que en sus cimas enterraban a sus caciques (hoy muestran las huellas del saqueo de la guaquería). En particular mencionan el cerro Buenavista (al parecer el actual cerro Batero, que marca el límite entre Quinchía y Riosucio), el cual era el gran santuario de la región, donde sólo subían los “jeques”, a quienes se les aparecía el demonio, como llamaban los españoles a las deidades y los chamanes nativos:

“Desde esta provincia [de la vega de Supía] fuimos siguiendo por el río [Cauca]  arriba siempre acercándonos a él cuando podíamos por ir a hallar el otro que siempre tuvimos que era el Darién [río Atrato]; toda esta tierra era fragosa e muy llena de sierras pero mejor y más andadera que la que habíamos traído [Antioquia] porque en comparación de la otra parecía llana” (Juan Vadillo, Relación del viaje de Urabá a Cali, 1538).

“En esta provincia hay poca tierra llana, porque toda es doblada, hecha valles e cerrillos y lomas; e a esta causa, es muy fértil; es tierra de minas de oro” (Jorge Robledo, Descripción de los pueblos de la provincia de Anserma, 1543).

“Muerto un señor [de la provincia de Anserma], hacen en los cerros altos las sepulturas muy hondas, y después que han hecho grandes lloros meten dentro al difunto, envuelto en muchas mantas, las más ricas que tienen, y a una parte ponen sus armas y a otra mucha comida y grandes cántaros de vino y sus plumajes y joyas de oro, y a los pies echan algunas mujeres vivas, las más hermosas y queridas suyas, teniendo por cierto que luego ha de tornar a vivir y aprovecharse de lo que con ellos llevan (…) La tierra en que tienen  asentadas sus poblaciones son sierras muy grandes, sin montaña alguna (…) Nascen de una montaña que está por alto de este pueblo muchos ríos pequeños, de los cuales se ha sacado y saca mucho oro, y muy rico, con los mismos indios y con negros (…) Un peñol fuerte hay en este pueblo, donde en tiempo de guerra se guarecen” (Pedro Cieza de León, La crónica del Perú, primera parte, 1553).

“Cerca de la misma ciudad [Anserma] al Oriente hay un valiente y encumbrado cerro donde se subían los del pueblo de Umbra a amparar en tiempo de sus guerras y se les aparecía el demonio los días de sus borracheras que las hacían allí (…) Junto al pueblo de Pirama, a dos leguas al Oriente deste que dijimos de Porsa [¿Pirza?] hay otro más encumbrado cerro a quien llaman de Buenavista donde también se les aparece el demonio sólo a los jeques, por ser éste su gran santuario a donde solo ellos suben por ser la subida escabrosísima y de peña tajada, por escaleras de guaduas, por donde gatos aún no pueden bajar y debe de ser que el diablo tiene las escaleras y les da la mano para despeñar sus almas de más alto a los infiernos. Lo que también intenta cuando algunas veces en tiempo de hambre les arroja frisoles, yucas y otras raíces desde lo alto para que aficionándolos con una obra buena le estén sujetos y obedientes para infinitas malas, que sólo el que le permite por sus secretos juicios [el Dios cristiano] los podrá remediar por infinitos caminos que para esto tiene” (Fray Pedro Simón [1626], Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, tomo VI, Bogotá, 1953, págs. 57 y 59).

En cuanto a los señoríos, el jefe conquistador Jorge Robledo, en su texto Descripción de los pueblos de Anserma (1543), anotó:

“En esta provincia hay dos señores principales, aunque no los obedece toda la comarca; porque hay otros que casi son tan grandes como ellos. Dícese el uno Humbruza y el otro Ocuzca. El pueblo de Irra, que confina con estos y está tres leguas de la cibdad, es de otra lengua; el señor dél se dice Cananao, sustentábase con todos estos, porque tenía por fuerza un brazo del río por la orilla dél”.

5
Caciques del Cauca Medio. Ilustraciones de María de la Luz Giraldo de Puech, en la obra “Así éramos los Quimbayas” del Banco de la República, Museo del Oro.

La obra Los nombres originales de los territorios, sitios y accidentes geográficos de Colombia (Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAC, 1995), dirigida en la parte científica por el historiador Guillermo Fonseca Truque, ubica la residencia del cacique Ocuzca en territorio riosuceño, propiamente en El Salado, paraje del Resguardo Indígena de Nuestra Señora Candelaria de La Montaña:

“SALADO, EL, POB. 
“OCUSCA, POB. Robledo (1538). Saliendo de la sierra de Santa Ana siguió hacia el pueblo de Ocusca, donde estaba el cacique Curaca. Simón, 3, 3, 1.”

Ocuzca es célebre en los anales de la historia de la Conquista americana porque siempre se negó a ser sometido, como lo relató el escribano del capitán Jorge Robledo:

“[Después de fundar Anserma en agosto de 1539…] Robledo visitó todas las provincias de Anserma, y a los señores y caciques de ella. En algunas partes le salieron los señores de paz, y en otros rebeldes, hasta que a fuerza de conquistarlos y causarles daño, venían de paz. Estando en esto, supo Robledo que en cierta provincia estaba el señor de la tierra que se llama Ocuzca, el cual no quería venir donde él, por muchos mensajeros que le enviaba, y en cambio mandó a amenazar a Robledo diciendo que se saliese de su tierra; que él ni su gente habían de servir a los españoles. Y tanto estuvo Robledo con su gente en el pueblo de dicho señor Ocuzca, que dos caciques parientes suyos le fueron a rogar que viniese de paz, que mirase que si no iba le destruirían su tierra, y que el señor capitán quería ser su amigo. En estos medios fueron y vinieron mensajeros de un cabo a otro seis o siete días, hasta tanto que el dicho Ocuzca vino a verse con su merced, el cual dicho cacique vino con mucha potestad como señor que era, y allí le habló el señor capitán y le hizo entender a lo que era venido, el cual dijo con mucha sagacidad que sus antepasados no habían sido sujetos, que cómo lo había él de ser.

En 1540, aprovechando una salida de Robledo para el valle de Apía, Ocuzca y otros caciques atacaron la ciudad de Anserma...]

“Se hizo saber a Robledo lo que pasaba, el cual vino luego con toda la gente y fue a los pueblos de Ocuzca y de todos sus aliados y le huyeron de la otra parte del río grande [río Cauca]. Con los que sí pudieron capturar de esta banda orilla del río, se hizo con ellos buen castigo, de manera que vino toda la tierra de paz y el dicho cacique ya no quiso venir más, aunque enviaba sus caciques y gente a servir a los españoles, porque tenía gran miedo al capitán. Y si iban algunos españoles a su pueblo, salíales de paz y decía que él allí estaba y que no iba a ver al señor capitán porque tenía miedo” (NOTA 7).

La tradición ubica a este cacique en el actual municipio de Anserma; pero esto se debe a que se tiende a confundir la “ciudad de Anserma” con la “provincia de Anserma”. Pero todo parece indicar que tuvo su residencia lejos de la loma de los Umbras donde el conquistador fundó la ciudad, ya que Robledo tuvo que dejar esta posición y dirigirse personalmente hasta el territorio del cacique para poder confrontarlo. La crónica de Sarmiento permite suponer que Ocuzca tuvo su residencia en el actual Riosucio, más cerca de las minas de oro, hacia donde se localizaban los poblados más grandes y mejor construidos que encontraron los españoles, donde se concentró la resistencia indígena y donde finalmente los españoles constituyeron los resguardos más extensos y duraderos. Además, en el Resguardo de La Montaña la tradición de cacicazgo ha sido fuerte: en 1627 el oidor Lesmes de Espinosa le hizo entrega del resguardo al cacique don Sebastián; en 1722 se ordena desalojar el sitio de Riosucio al cacique don Andrés Motato, y la tradición guarda la memoria del cacique Chiraca. En este resguardo hubo cacicazgo hasta entrado el siglo XIX, que se trasmitió por la línea Motato(NOTA 8).

 

  1. El destino del pueblo de Birú

¿Qué pasó con el pueblo indígena Birú que encontraron los españoles en el Valle de los Pirzas? ¿Por qué este pueblo, sede del señor de la tierra, no aparece mencionado en crónicas posteriores? Cieza de León proporciona la respuesta lapidaria:

“Después se perdió toda la más de esta población, y los naturales dejaron su antigua tierra. Muchos dellos, por huir de la crueldad de los españoles, se fueron a unas bravas y altas montañas que están por encima deste valle, que se llama Cima”.

En efecto, después del paso de Vadillo la guerra de conquista continuó. Los Pirzas opusieron una gran resistencia al ejército de Robledo, cavaron trampas profundas con lanzas en el fondo donde caían los caballos y usaron los cerros Carbunco y Batero para replegarse. Pero finalmente el pueblo de Birú sucumbió y muchos indígenas de la zona se refugiaron en las montañas del occidente.

Cieza vuelve a referirse a la montaña “Cima” al describir el paisaje cercano a la ciudad de Anserma:

“La tierra en que tienen asentadas las poblaciones son sierras muy grandes, sin montaña ninguna. La tierra dentro, hacia el poniente, hay una gran montaña que se llama Cima, y más adelante, hacia la mar Austral, hay muchos indios y grandes pueblos, donde se tiene por cierto que nace el gran río del Darién”.

Cien años después, el nombre de Cima Montaña aparece en la cartografía del nuevo país:

mapa provincia Anserma
La provincia de Anserma. Fragmento de mapa de Nueva Granada
y Popayán de Guillermo Janszoom, Amsterdam, 1635

Como se observa, así como el nombre de Riosucio es de vieja data, el de “La Montaña” también proviene del tiempo de la conquista, antes de que Lesmes de Espinosa le diera ese nombre al resguardo que creó en 1627.

  1. Cronistas españoles que relatan el paso de Vadillo por Riosucio

 

Para que los lectores puedan acceder directamente a las fuentes de este capítulo, se trascriben a continuación los fragmentos pertinentes de los tres cronistas principales utilizados: Cieza de León, el propio Vadillo y Juan de Castellanos, precedidos de unos breves datos de cada uno.

  1. Pedro Cieza de León

 

Llega con Vadillo y luego se pasa al ejército de Robledo. Permanece en la región entre 1538 y 1547. Escribe: LaCrónica del Perú, publicada en 1553, y muere al año siguiente.

“Pasada la provincia de Caramanta está luego una montaña que dura poco más de siete leguas, muy espesa, a donde pasamos mucho trabajo de hambre y frío cuando íbamos con Vadillo, y bien podré yo afirmar en toda mi vida pasé tanta hambre como en aquellos días, aunque he andado en algunos descubrimientos y entradas bien trabajosas. Hallémonos tan tristes en vernos metidos en unas montañas tan espesas que el sol ahí no lo veíamos, y sin camino ni guías, ni con quien nos avisase si estábamos lejos o cerca del poblado, que estuvimos por nos volver a Cartagena. Mucho nos valió hallar de aquella madera verde que conté haber en Abibe, porque con ella hicimos siempre lumbre toda la que queríamos. Y con la ayuda de Dios, a fuerza de nuestros brazos, con los cuales íbamos abriendo camino, pasamos estas montañas, en las cuales se quedaron algunos españoles muertos de hambre, y caballos muchos. Pasado este monte está un valle pequeño, sin montañas, raso, de poca gente; mas luego, un poco adelante, vimos un grande y hermoso valle muy poblado, las casas juntas, todas nuevas, y algunas dellas muy grandes; los campos llenos de bastimento de sus raíces y maízales. Después se perdió toda la más de esta población, y los naturales dejaron su antigua tierra. Muchos dellos, por huir de la crueldad de los españoles, se fueron a unas bravas y altas montañas que están por encima deste valle, que se llama Cima. Más delante deste valle está otro pequeño, dos leguas y media de él, que se hace de una loma que nace de la cordillera donde está fundada y asentada la villa de Ancerma, que primero se nombró la ciudad de Santa Ana de los Caballeros”

Cieza de León, Pedro. La Crónica del Perú. Edición de la Biblioteca y Archivo Nacionales de Bolivia, s. f., pág. 49 (disponible en internet) .

           

  1. Juan Vadillo

 

Oidor de Santo Domingo y Gobernador de Cartagena. Escribió una carta al rey en julio de 1539 donde le informa de su expedición. Aunque el texto fue tenido en cuenta por Gonzalo Fernández de Oviedo en 1550, la carta propiamente, llamada “relación”, sólo se conoció en 2012. Es de observar que por tratarse de una defensa de Vadillo ante el rey, la carta sin duda oculta las cosas que podrían perjudicarlo (los actos de barbarie, por ejemplo) y aumenta aquellas que lo favorecen.

“Fuimos así por este arcabuco [parte alta de la montaña de Caramanta] hasta llegar a un río que fue el primero que hallamos que corrían al sur [río Arroyo Hondo]. Estando subiendo la gente ya tarde tornó la guía que había enviado y trajo nueva que había visto unos bohíos fuera del arcabuco, lo que la gente como estaba tan atemorizada de la mala nueva que antes había traído no creía, pero dijo [ilegible] que aquel día no podíamos llegar a ellos salvo a un río que estaba antes. Y cómo la gente estaba tan fatigada que ya dos días había que no comían sino unas raíces de unos surcos que llaman iracas y de maíz habían tenido mucha falta, parecióme que era menester trabajar de les sacar del arcabuco para que a lo menos tuviesen algún aliento con ver poblado ya que allí no se hallase de comer. Y así fue que con la misma orden que adelante hice dar tal prisa que a las once después de mediodía llegué a aquel río y a las tres la guía nos apercibió que nos armásemos que había gente. Y armados salimos en los bohíos y la gente que allí había cómo nos vio dejónos libre el campo y metiéronse por los montes por manera que no se pudo tomar casi ninguno.

Hallamos maíz verde que ya estaba granado aunque era poco de que la gente que toda llegó ese día hasta la noche se remedió. Esto fue víspera de Nuestra Señora de Aº [Agosto] que ha está que viene un año la gente con ver poblado, aunque poco se alegró. E otro día hicimos fiesta a nuestra Señora por la merced que nos hizo en nos librar de tanta necesidad y luego acabada la misa envié gente por dos partes a buscar poblado a donde se hallase de comer porque allí no lo había y lo que se halló que era aquel maíz mazorcas y hoja no bastó para aquel día para la gente e venían así ellos como los caballos tan fatigados que corrían riesgos si no se hallaba.

Teníamos esperanza de lo hallar porque los indios habían dicho que allí había una grande población y que era muy rica salieron a buscar y el uno de los que salió halló una población grande que los indios llaman Byru.

Sabido esto me fui allí con toda la gente a donde se halló gran abundancia de maíz e frisoles y algunos curíes de que la gente se remedió e reformó y los caballos porque todos veníamos tales que si no halláramos aquel reparo pereciéramos.

Luego hice poner grande recaudo en el real porque me pareció que adonde había tanta población y no parecía gente que debían tener señor y se juntaban para tornar sobre nosotros porque no se podía pensar otra causa pues era tanta población y pareció nueva y no salía gente por ninguna parte como hacían en las otras partes donde antes habíamos llegado.

Hice ir gente para que corriese la tierra y se buscasen indios para que supiésemos qué tierra era y dónde estábamos. Trajéronse algunos y no se halló quién entendiese nuestra lengua; húbose de tornar atrás por el mismo arcabuco donde se tomaron lenguas, por las cuales supimos que aquella población se llama Byru y cómo nos habían pasado de las minas de Cuyrcuyr y que por no nos las mostrar nos habían metido en aquel arcabuco y que hacía dos años que allí habían llegado cristianos y que les habían dado una guasábara y que de temor de aquellos eran todos huidos, y para confirmación de esto hallamos una suela de zapato que fue la primera señal que de españoles vimos.

Estuvimos dudosos si serían estos los de Venezuela o de Santa Marta cada unodecía lo que le parecía. Al tiempo que yo salí de Cartagena oí decir que Benalcázar había entrado la tierra adentro y que estaba poblado en los nacimientos del Darién y pareciome que debían ser aquellos porque a lo que pareció no podría estar otro río según nuestra derrota sino él porqué teníamos al Darién por largo río y con este pensamiento y porque dijeron que estaban muy ricos y también por nos tornar por el mismo río abajo a Cartagena y ver lo que en él había pues hasta allí no habíamos acertado. Acordamos de seguir áquel camino y también a esto nos atrajo que los indios nos decían que había sobre el río grande que hayamos otro río mayor y este teníamos que era el Darién y a esta causa determinamos de seguir aquel camino hasta hallar el otro río o topar con los cristianos para saber dónde estábamos.

Estuvimos aquí para repararnos un mes y en este tiempo recorrió la tierra y se tomaron indios y se enviaron a los caciques para que viniesen de paz y no solo no quisieron mas antes ellos de su voluntad quemaban de noche los bohíos suyos y caso que con sus propios indios les enviaba a decir que no lo hiciesen no lo dejaban de hacer.

Esta población [Birú] que es una que Benalcázar dice y los que con él fueron que se llama Manserma porque cuando allí llegaron no traían lengua y por un pescado que allí hallaron que los indios llamaron así la pusieron el nombre de que fue Manserma.

Saldarriaga Escobar, Gregorio (2012). “Transcripción de la relación del viaje del licenciado Joan de Vadillo entre San Sebastián de Urabá y Cali, 1539”.  En Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia, Medellín, Vol. 26, No.  43, págs. 42-65.

  1. Juan de Castellanos

 

Cura de Tunja. Escribió “Elegías de varones ilustres de Indias”, el poema más largo en lengua castellana (113.000 versos). La parte de Vadillo la redactó en 1587, y para su redacción se valió del testimonio de Juan de Orozco y del “hermano de Rojas”, que entraron con Vadillo a la Nueva Granada y con los años se avecindaron también en Tunja. El siguiente relato parte cuando después de permanecer varios días perdidos en la montaña de Caramanta, las tropas de Vadillo encuentran la salida hacia la vega de Supía:

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NOTAS

 

Nota 1. Rufino Gutiérrez. Monografías, tomo II, Biblioteca de Historia nacional, tomo XXXVIII, Bogotá, Imprenta Nacional, 1921, disponible en:http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/uno/uno55a.htm.

Nota 2. Purificación Calvo de Vanegas. Riosucio, Manizales, Biblioteca de Autores Caldenses, 1963.

Nota 3. El historiador Javier Ocampo López ubica a Cuircuir en Arma (hoy corregimiento de Aguadas), tal vez debido a que fray Pedro Simón (1626) escribe que Cuircuir estaba en “otra banda”.

Nota 4. Y así aparece en la primera versión de este artículo (marzo de 2013), publicada en: http://www.colombianistas.org/Publicaciones/475anosdelviajedeJuanVadillo.aspx

Nota 5. “Esta población [Biru] que es una que Benalcázar dice y los que con él fueron que se llama Manserma porque cuando allí llegaron no traían lengua y por un pescado que allí hallaron que los indios llamaron así la pusieron el nombre de que fue Manserma” (relación de Vadillo, pág. 58).

Nota 6. No se sabe la suerte de Riterón. Dos años después Robledo y Cieza escriben que los señores principales de la provincia  de Anserma eran los caciques Ocuzca y Humbruza. Podría ser que Riterón haya sido un cacique simulado por los indios, como pasó en 1540 con el cacique Humbruza en la zona de Apía.

Nota 7. Pedro Sarmiento. “Relación del viaje del capitán Jorge Robledo a las provincias de Ancerma y Quimbaya”. Cali, 12 de octubre de 1540.

Nota 8. Álvaro Gartner Posada. Los cacicazgos de la Montaña en el siglo XVIII”. Conferencia dictada en el Foro de Historia de la Semana Cultural 475 Años del Nombre de Riosucio, 27 septiembre de 2013, inédita.